martes, 16 de septiembre de 2014

Boletín 67 Libélula Libros

¡Boletín! ¡Boletín! Les presentamos el nuevo Boletín de de la librería, el número 67. Los invitamos a leer las reseñas que preparamos con mucho gusto:



Sobre El saber de no saberse de Hugo Mujica - Pablo Felipe Arango.
A la sombra de las hojas 56 - José F. Calle.
Sobre Miscelánea de Jorge Luis Borges - Javier Vélez.
Sobre Soy un gato de Natsume Soseki - William Ospina (Mejía).
Sobre Una ambición en el desierto de Albert Cossery - Leonora Castaño.
Sobre el Libro de Job - Luis Esteban Vallejo.
Sobre El capitán de altura de Robert Bazlen - Jhon Isaza.
Sobre Corrección de Thomas Bernhard - Miguel Camacho.
Sobre Victoria de Knut Hamsun - Manuel Kalmanovitz.
Sobre las traducciones de Ulises - Gustavo López.
Sobre El rey Lear - Isabella Varela.
Sobre El Dios de la Edad Media de Jacques Le Goff - Jhon Isaza.
Sobre La gloria secreta de Arthur Machen - Juan David Sáenz.
Sobre El mundo de ayer de Stefan Zweig - Christian Camilo Londoño.
Sobre Noches insomnes de Elizabeth Hardwick - Tomás David Rubio.


jueves, 28 de agosto de 2014

El secreto del pasado

Rudy Kousbroek, Adriana Hidalgo. Trad. Diego J. Puls.


Este libro es una especie de búsqueda de un pasado que no siempre es fiel, que tiene mucho de inventado, que no necesita de hechos vividos o exactitudes geográficas para traer a la memoria un montón de imágenes y de sonidos y de olores. Kousbroek dio con un método que supuestamente se llama “fotosíntesis”, y que consiste en encajar una foto con una historia. Lo curioso es que la foto siempre es en blanco y negro: Kousbroek sólo escoge fotocopias. Y hay una razón para esto, la idea de que antes el mundo era mucho más oscuro, “Hace cien años el mundo era mucho más oscuro que ahora”, dice, menos iluminado; por eso las fotos son su recurso pero también la evidencia de un fracaso. Ya no dependemos de la vista y por eso otros sentidos se agudizan: el olfato, el oído. Viendo estas fotocopias Kousbroek empieza a reconstruir el misterio que cada una encierra, ¡su vida!, a recordar los olores y los sonidos de lo que pasó.

En una de las historias describe un árbol lleno de manzanas, “manzanas como estrellas en el cielo”, y luego, al final, dice que no, que no era un manzano sino un castaño, pero esto último prefiere no saberlo. Así se va conociendo la vida de Rudy Kousbroek a través del libro: naciendo en Indonesia –Sumatra, mejor–; yendo al colegio en Italia, donde al lado de un camino alguna vez vio un montón de naranjos con sus frutos brillantes que adornaban todo el paseo; luego en Ámsterdam durmiendo en un salón abovedado, un internado, dice, en el que tocaba, en las noches, caminar a tientas y adivinar el camino al baño y luego el de vuelta para dar con la cama de uno: “también eso forma parte de la experiencia”; y luego en París, entendiendo esa ciudad como el intento más afortunado para alegrar el alma, pues allí los más importantes son los detalles y su conservación: la antigüedad y la historia son las cosas que no se cambian.

Hay un libro que se parece muchísimo a El secreto del pasado, que es su hermano: Celebraciones de Michel Tournier: “Exultar porque te sientes abrumado por la gracia de un músico, la elegancia de un animal, la grandeza de un paisaje, incluso el horror grandioso de un infierno, son cosas que dan sentido a la vida”, escribe Tournier al comienzo y es la perfecta descripción de un libro en el que, entre otras genialidades, Kousbrek compara “el desgarramiento de los lazos del corazón” con una serpentina que se rompe, esas serpentinas que la gente tiraba desde los barcos cuando se iba para no volver.

Otra vez Tournier: “Este librito celebra la riqueza inagotable del mundo”. 

Tomás David Rubio
Libélula Libros

miércoles, 20 de agosto de 2014

Consiga más


Stuart Diamond, Conecta. Trad. Efrén del Valle.


Sin el ánimo de ofender a los puristas que leen este boletín, donde solo esperan encontrar espasmos de literatura, quiero contarles la historia de este libro. Por escoger para vivir una profesión que tangencialmente tocaba una de mis pasiones, la matemática, fui condenado, como librero, a cuidar el rinconcito oscuro donde en Libélula padecían el destierro los libros de “esoterismo empresarial” (designación que también le dieron a mi profesión, la cual no me quedó más remedio que aceptar con gracia). A veces sentía la altruista necesidad de hojear estos libros, porque, más que por interés, como su protector recibía su mirada lapidaria, buscando en mí cierta conmiseración pues se sentían olvidados, debido a que el interés del público de esta librería nunca fue el rinconcito oscuro.

Consiga más cabria perfectamente en este espacio, de hecho, después de una excelente capacitación a la que fui invitado en la empresa donde trabajo, recomendaron este libro, y en el último lugar que pensé encontrarlo fue en Libélula, porque además siento que desde que ya no soy librero aquel rinconcito nadie lo cuida y por tanto no creía que hubiera de estos libros. Confesé con temor a mi esposa el interés que había despertado este libro en mí; después de su sonrisa, un poco burlona, ella me ayudó a buscarlo en almacenes de cadena y en filas de supermercado, sin éxito. Hasta que me atreví a preguntar en Libélula. Temiendo una mofa adicional, intente hacerlo cuando menos ocupantes hubiera, cuál fue mi sorpresa cuando vi que el libro estaba y lo compré emocionado, como si hubiera comprado cualquier libro de Julio Cortázar. 

Lo empecé a leer de inmediato, suspendiendo la historia que tenía al frente. Me encontré con un libro bien escrito, que no pretendía ser un tratado para cambiar tu vida, ni para explicar cuál era la mejor manera de administrar una empresa, sino que quería indicar cómo negociar en todos los momentos de la vida. Consiga más está lleno de historias, fue escrito a manera de diálogo permanente, y leyéndolo me sentía en una sala cómoda donde Stuart me contaba sin pretensiones y de manera inteligente y graciosa, anécdotas e historias de la gente que él conocía. 

Después de leerlo me quedé sin soluciones de fondo, igual de contento y emocionado que al principio, diciendo con orgullo que lo leí y me gustó, que cambió algunas percepciones de mi vida, que no solo es un libro del plano empresarial, sino que me llevó a comprender que, desde el mismo momento en que soy golpeado sutilmente para que mi posición al dormir haga desaparecer los ronquidos que no dejan dormir a mi esposa, ya sin sonrisa, estoy negociando y que la forma en la que lo haga, podrá significar qué tanto llegaré a conseguir.

Humberto Posada Cifuentes
Libélula Libros

viernes, 1 de agosto de 2014

Samuel Beckett, el último gran modernista

Anthony Cronin, La uÑa RotA. Trad. Miguel Martínez-Lage.


Si hay un autor que atraviese verticalmente, casi en línea recta, el catálogo de la editorial La uÑa RoTa es sin duda Samuel Beckett, cuyo primer título, Deseos del hombre / Carta alemana, se publicó en enero de 2003. Un acercamiento a su obra que culmina con la publicación de la biografía Samuel Beckett, el último modernista, de Anthony Cronin, la primera gran biografía que se traduce al castellano, de la que el prestigioso escritor británico John Banville dijo que de todas las escritas sobre Beckett, “es de lejos las más amena y elegante”. 

En un artículo publicado en El País, el periodista José Andrés Rojo cuenta cómo el escritor catalán Enrique Vila-Matas, paseando por los jardines de Luxemburgo, divisó en una alameda secundaria a “un pájaro negro y solitario, casi inmóvil, leyendo el periódico”. 

Y a renglón seguido continúa: «Ahora aparece una de las mejores biografías dedicadas a aquel singular caballero, la que el irlandés Anthony Cronin publicó en 1997 y que es, seguramente, la que mejor reconstruye los pasos que fue dando ese “pájaro negro y solitario” hasta que conquistó su propia voz, una de las más poderosas y desamparadas del siglo XX y que le valió recibir el Premio Nobel de Literatura en 1969. Samuel Beckett, el último modernista empieza por lo más lejano. “Yo tengo un recuerdo claro de mi existencia fetal”, contó Beckett alguna vez. “Fue una existencia en la que ninguna voz, ningún movimiento posible podía liberarme de la agonía y las tinieblas a las que estaba sujeto”. A partir de ahí, va siguiendo meticulosamente sus pasos hasta el día de su muerte, el 22 de diciembre de 1989».

Se dice que el autor de Esperando a Godot detestaba las biografías, sí, pero es evidente que gustaba y mucho de devorar las ajenas, como lo demuestra esta biografía de Cronin. A fin de cuentas, lo que Samuel Beckett, el último modernista descubre al lector es la figura de un Beckett en carne y hueso, un Beckett genial y también falible, profético y contradictorio. Abrir este libro es una invitación a entrar en la vida y en la obra de uno de los autores fundamentales del siglo XX. 

Juan de Chas
Libélula Libros

martes, 15 de julio de 2014

Purgatorio. Tomás Eloy Martínez, Alfaguara.

Un regalo fortuito puso el libro en mis manos. "Es un libro que narra la historia de un amor que se reencuentra después de muchos años", me dijeron. Yo, que creo en los amores para siempre, lo leí de inmediato.

Y sí, en Purgatorio, Tomás Eloy nos habla de la obsesión de Emilia quien a sus sesenta años todavía espera el regreso de su amor perdido, aunque debería decir desaparecido, hace más de treinta. Una paradoja si se tiene en cuenta que tanto ella como Simón -su esposo- eran topógrafos de profesión. Difícilmente hay una persona que sepa tan bien donde se haya, dónde es que tiene puestos los pies en la tierra que aquel que levanta y dibuja cada día planos de vías, regiones y ciudades. Es ahí dónde uno se da cuenta de que en la vida nada es real, todo es una ficción. Nada existe sino ha sido identificado, nominado y luego ubicado de alguna manera entre coordenadas; por lo mismo: para que algo deje de existir basta con que sea "borrado del mapa". Se vive a merced del dibujante.

Todo esto como única excusa para llegar a la verdadera obsesión del escritor que es la misma de muchos argentinos que padecieron la dictadura: el recuerdo constante de la pesadilla, la desaparición de sus seres queridos, la indolencia de algunos de sus congéneres, el desarraigo que conlleva el exilio y la esperanza constante del regreso de aquellos que se perdieron en el Tucumán, en los centros clandestinos de detención o en el Río de la Plata.

"Los amigos del barrio pueden desaparecer" nos decía Charly, nos lo confirmó Sabato en su doloroso informe Nunca más, Olivera en su Noche de los lápices y todos los demás, cada uno a su manera como una forma de exorcizar el pasado; de garantizar que nadie olvide lo ocurrido como una especie de contra para que no vuelva a suceder. Martínez nos plantea una búsqueda incesante a través de la vida que no para, que continúa inexorablemente y en la que lo único que permanece estático, inamovible, es el recuerdo.  

Leonora Castaño M.
Libélula Libros

jueves, 3 de julio de 2014

Alvarado Tenorio paga sus cuentas

Ajuste de cuentasHarold Alvarado Tenorio, Agatha.


Debe leerse Ajuste de cuentas como una novela, lo es, pero una que además hace añicos los géneros literarios, incluido por supuesto el de la novela. Tal vez sea incluso la forma adecuada para que uno de los más importantes estandartes de su generación no solo se manifieste sino además indique la única manera de expresarse de aquel grupo desencantado. Si Caballero para escribir poemas se lanzó a la escritura de Sin remedio, Alvarado debía, para hacer la más íntima de sus obras, concebir una antología de la poesía colombiana, que, claro, lo es y no lo es al mismo tiempo.

Toda antología es por supuesto la manifestación del gusto y la subjetividad de quien la hace y en cierto grado es también su propia historia, la de sus lecturas, amistades y preferencias, pero Ajuste de cuentas es más que la recopilación de los agrados de su autor, es precisamente y en esto tiene mucha gracia su título, un ajuste con la vida, con el país, con sus contradicciones y miserias, con la literatura que en Alvarado es la vida toda, con él mismo: errático, contradictorio, pantagruélico, delirante y genial. 

Vale insistir en la condición de novela del libro para adelantar su lectura y aguantar las que en principio podrían percibirse como burdas contradicciones. Luego aparecerá Alvarado en su condición de personaje, porque la obra es también autobiografía, y surgirá el país que no alcanza a ser república y mucho menos patria, pero que duele como si lo fuera, e irán apareciendo buenos y malos poetas porque en esta antología también aparecen los malos poetas, que realmente lo son, pues sin ellos cualquier historia literaria estaría trunca, como toda historia que solo narrara lo bello o lo bueno. 

Ajuste de cuentas no da la impresión de que hubiera sido concebido de manera pretenciosa, al contrario, su escritura denota rapidez. Ciertos descuidos se deslizan recurrentemente, frases reiterativas o párrafos erráticos. Pero eso no importa, y no importa porque el vértigo de la lectura es más interesante que el preciosismo o la perfección que interesa al académico, y el libro se lee ágilmente paseándose el lector por los poemas como si ellos estuvieran allí no para atestiguar las virtudes del poeta de turno, sino principalmente para narrar varias historias: la de Colombia, la de la generación de Alvarado, la de Alvarado mismo, la del propio lector. Así que por la puerta de atrás, insisto, en medio de los descuidos de su autor, se nos cuela una obra de mayor calado y profundidad, una que el futuro tendrá que considerar cuando se trate de comprender la historia de la literatura y la cultura colombiana de la segunda parte del siglo XX. 

León de Greiff
No obstante la condición narrativa, ficcional y autobiográfica de Ajuste de cuentas debe resaltarse también el ejercicio crítico que refleja. La capacidad lectora de Alvarado así como su erudición son formidables y abrumadoras, el ejercicio de consideración de poetas que como Valencia han y siguen siendo puestos al lado por razones diferentes a las literarias, o el olvido de poetas que casi pareciera que no hubieran existido –Claudio de Alas-, el rescate de otros –Meira del Mar, Amilkar –U-, la invención o el reconocimiento existencial de alguno –Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard-, la consideración de que la poesía no es solo versos –Feliza Bursztyn-, el riesgo de ubicar a algunos entre los grandes –Mauricio Contreras, Fernando Molano, Antonio Silvera, Toto Trejos- es y será un gran aporte para el estudio de la literatura colombiana, al igual que ciertos apuntes esclarecedores y casi epigramáticos: “…En el fondo, los asuntos de Flórez y Valencia se tocan en varias convergencias, rompiéndose en paralelas de tonalidad y visión del mundo. Valencia es operático mientras Flórez es folklore…”, o “…Mientras en Arango hay frescos, en Carranza desgano, en Gómez Jattin irreverencias eróticas y en Roca ira, en Cobo Borda hay repugnancia”. De igual forma es refrescante para la crítica literaria aunque no nuevo, como casi nada en el libro y esta es otra virtud, la advertencia de que la poesía es una forma de concebir la vida diaria; considerado esto, ¿cómo no narrar los silencios de Arango o los desvaríos de Antonio Llanos, el poeta del valledelcauca, que cargaba consigo un pequeño busto del Dante para poner en la mesa del café y poder conversar con alguien que valiera la pena? 

Para Alvarado la poesía no solo ha sido su oficio en el que además ha destacado con solvencia, es también su única forma de vida. Es decir, con ella no se gana la vida sino que respira. Alvarado es un poeta en términos absolutos y no un poeta de ocasión y es por ello que reniega y maldice a aquellos que han convertido la poesía en un escenario de corrupción y de manoseo clientelista: “Y como nunca antes, la poesía ha escalado hasta las profundidades de la ignorancia y la ordinariez. Instrumentalizada y pervertida como oficio y como forma de vida, la poesía (…) ha desaparecido y no parece dar señales de vida en un futuro inmediato. Porque como nunca antes, distritos y gabinetes, secretarías de cultura y empresarios del capital han invertido desmedidas sumas de dinero para hacer brillar la lírica como una joya más de la pasarela y del entretenimiento contemporáneo... Hoy son más de medio centenar de vates vivos y muertos los que ostentan en sus faltriqueras más de un laurel del erario público, pero nadie, literalmente, nadie, recuerda sus nombre ni lee sus versos”. Alvarado emplea su libro como si fuera un banco en el parque y asume el papel de crítico que no traga entero –como debe ser– y que sin temor rompe la vajilla cuando todos están tan contentos. De ahí surge, y no de sus supuestas incompetencias sociales, el odio que recibe de sus contemporáneos que destilan una rabia que al final solo confirma la condición que Alvarado Tenorio les ha declarado de simples lagartos y clientelistas mal ubicados. 

Tal vez la poesía sea el único lugar, aparte de aquella esquina de La Unión –el pueblo en el que nació Aurelio Arturo–, “donde (se) resista la incuria del tiempo…” Siendo así será también cierto que a través de la poesía, de su lectura y olvido podamos comprender nuestra historia colectiva e individual. En este caso tener a mano o cargar en el equipaje Ajuste de cuentas es una manera de avanzar sin muchos tropiezos en aquel propósito.

pfa
Libélula Libros


martes, 24 de junio de 2014

Titanes de la historia

Simon Sebag Montefiore, Crítica. Trad. David León.

El reconocido historiador de la Universidad de Cambridge, Simon Sebag Montefiore, ampliamente galardonado y autor de varios libros y ensayos, nos presenta a manera de recopilación en artículos breves, las biografías de casi 200 hombres y mujeres que con sus actos han cambiado los acontecimientos del mundo.

En este recorrido desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días, se va abriendo en relatos concisos la historia del mundo. Pasan los guerreros, los políticos, los aventureros, los criminales, los científicos, los artistas, los literatos, los músicos, los inventores, los santos, los dioses de todas las creencias, en este caleidoscopio universal.

Entretiene su lectura ligera y su resumen, para quien inicia en el mundo de las biografías, y permite tener una visión general del personaje. Realmente exige un alto grado de concreción resumir la vida de hombres y mujeres de singular estatura en tres o cuatro páginas. Se recorre a lo largo de cada escrito breve sobre un personaje, su vida y sus actividades que enmarcan su lugar en la historia, para bien o para mal. Se conoce la psiquis de su interior y como la proyecta para dimensionar su actuación en un determinado lugar y en una determinada época. Es de aplaudir el esfuerzo encomiable de Sebag Montefiore al presentarnos este resumen de resúmenes.

Obviamente al atreverse a hacer una lista, siempre quedan por fuera muchos. Ese es un reto magnífico y francamente imposible de completar y de dejar satisfechos a todos los lectores. No obstante, Sebag Montefiore hace una excelente aproximación, a través de los personajes de su lista, a la historia del mundo.

Un comentario que puede ser entendido como una crítica al autor está en la propia selección de su lista. Sebag Montefiore tiene un normal sesgo por el mundo occidental europeo y anglosajón; esto último por su énfasis en el Imperio Británico y los Estados Unidos. Sin desconocer en momento alguno que desde esas latitudes ha tenido la historia universal a íconos monumentales, también es menester señalar que otras regiones han tenido una cuota de participación especial.

Llama poderosamente la atención que del mundo Hispanoamericano la lista sea reducida. Y lo es mucho más al tratarse de América Latina. La sola ausencia de Bolívar marca una omisión importante. Los latinoamericanos que aparecen en el catálogo lo son más por su tiranía o maldad que por su talante y humanidad.

Será, a manera de reflexión final, que nuestro continente todavía no ha alcanzado la madurez que nos permita destacarnos por ser hacedores del destino universal y que aún nos falta, como decía nuestro Nobel (fallecido recientemente para nuestro pesar) tener “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Mauricio López González
Libélula Libros


martes, 17 de junio de 2014

Kallocaína

Karin Boye, Gallo Nero. Premio Nacional del Ministerio de Cultura español a la mejor traducción de: Carmen Montes Cano.


Kallocaína, escrita en 1940, es una novela distópica, una de las pocas incursiones en el género firmada por una mujer. Karin Boye, narradora y poetisa, nos traslada a un mundo totalitario y a un futuro gris, cuyos habitantes están al servicio del sistema, no pueden actuar en solitario y están sometidos a una vigilancia constante.

El protagonista, Leo Kall, trabajador del Estado Universal, inventa una sustancia que una vez inyectada obliga al paciente a decir la verdad.

A partir de aquí todo el discurso de Karin Boye se centra en el dilema ético que plantea la pérdida total de la privacidad del individuo.

Escrita después de haber visitado la Alemania de Hitler y sobre todo la Rusia comunista, Kallocaína es una advertencia sobre los peligros de una sociedad totalizante y controladora. El secreto se transforma entonces en el último reducto de libertad en una sociedad que todo lo ve y todo lo manipula. 

Karin Boye, con una prosa poética y nostálgica crea una obra en la que se percibe su tristeza por una Europa que se desmorona y que se entrega en cuerpo y alma a la construcción de una sociedad que todo lo prohíbe.

Kallocaína también es una historia de amor en tiempos de guerra, en un mundo donde el amor no es una prioridad sino simplemente necesitad de perpetuar la especie y dar a luz a nuevos jóvenes guerreros. Aun así Leo y Linda, su mujer, logran sentir amor el uno por el otro, un sentimiento prohibido que no deberían de sentir pero que sienten a pesar de todo.

Kallocaína es una pieza imprescindible en la literatura distópica que viene a llenar en lengua española el vacío que existía entre Un mundo feliz, 1984 y Fahrenheit 451, completando así el mapa literario de un género.

La autora se suicidará en 1941, el día en que Hitler invade Grecia.

Donatella Iannuzzi
Libélula Libros