jueves, 23 de noviembre de 2006

Defensa a unos presuntos plagiadores

Después de leer las acusaciones que realizó el profesor Pablo RolandoArango me quedó la duda de si él estaría actuando de mala fe con las trespersonas que denuncia por plagio, entre ellas la decana de Artes yHumanidades de la Universidad de Caldas y un importante ex vicerrector. Me fui para la Universidad a ver si conseguía pruebas que refutaran lasdenuncias de este profesor al que le gusta buscarle la quinta pata algato. Lo primero que hice fue mirar los dos libros en cuestión para saber si eran tan parecidos como lo afirma Arango, y en verdad que no lo son: aunque el texto sí coincide en todo, cambian el tipo de letra, el tamaño de la misma, la diagramación y unos rengloncitos muy pedagógicos para que los lectores respondan preguntas a manera de cartilla. Entonces inicié mis averiguaciones para saber qué pensaban en la Universidad sobre el tema. Lo primero que me encontré era que, entre los que conocían el texto, algunos de ellos profesores con más pergaminos quePablo Rolando Arango, se discutía que esto fuera un plagio. Lo que pasa es, me explicaron, que hay una diferencia entre un módulo y un libro. Entonces entendí. Yo puedo escribir, por ejemplo, "Cien años de soledad"y, en vez de decir que es un libro, digo que es un módulo y ya tengo derecho a compartir regalías con García Márquez. Ahora todo está explicado y se ve la mala leche del profesor Arango, pero como quiero hacerlo quedar en ridículo público por hacer acusaciones atrevidas, daré los otros argumentos que escuché.
Primero. Este fue un problema de tiempo. Resulta, y esto sí no lo cuenta el malediciente denunciante, que los profesores estaban de afán y por eso tuvieron que tomar un texto ya hecho para adaptarlo a los módulos que necesitaban y, gracias a esto, se pudo formar un fabuloso programa de Educación a Distancia. Sí, me imagino que en cualquier momento el profesor Arango dirá que de hecho ese programa tiene varias denuncias encima, pero señores lectores, créanme que aunque esto sea cierto él sólo lo dirá con ánimos de pelear.
Segundo. El señor rector le dijo el lunes en la mañana a Julito que este libro, perdón, módulo, fue escrito hace nueve años y que por lo tanto la falta ya prescribió. Este debería ser el primer argumento, el más fuerte, porque en caso de investigación, el rector seguramente sería una instancia y con sus declaraciones ya absolvió a los tres profesores que tomaron prestado el texto. Por eso es que el Consejo Superior debe reelegirlo, para que pueda mantener impolutos a estos honestos copistas (en el sentido medieval de la palabra) y los mantenga en sus bien pagados puestos. Si nombran a otro rector es posible que se ponga del lado de ese tal Pablo Rolando, y sus acusados seguramente serían perseguidos. Ya sabemos que prácticamente es imposible echar a un profesor universitario, lo cual me tranquiliza, pero podrían perder sus posiciones de privilegio.
Tercero. Al profesor Pablo le falta solidaridad gremial. La decana es prácticamente su superior inmediato. ¿Es que no le da vergüenza hacer quedar mal a sus colegas y a su Universidad? A mí me da pena ajena.
Cuarto: hay un argumento filosófico que acaba con la idea de plagio. Resulta que Borges, Jung y otros sabios han afirmado que los autores no existen, que todos somos escribanos del gran libro universal. Lo que pasa es que el hereje Arango desconoce el carácter sagrado de esos prohombres que acabo de citar. Además, yo mismo leí el libro, y honestamente le hicieron un favor al autor verdadero, porque el original es tan malo que seguro él no querría que nadie lo relacionara con su nombre. Mejor dicho, es que así me demande yo tengo que decirlo, ese Pablo Rolando es un mala leche, un desocupado que se pone a leer libros que nadie más leería, es un tránsfuga, es un, un... ¡un positivista!. No señores, aquí no hubo plagio. Y si lo hubo fue a sus tres espaldas.
Carlos Augusto Jaramillo

1 comentario:

Feria del Libro Manizales dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.