viernes, 29 de diciembre de 2006

Diccionario personal


Puta. 1) Una de las más felices combinaciones de letras de todas las épocas. Su pronunciación repetida se parece a una invocación religiosa. Su principal función es servir de raíz a los elogios más populares (e.g., “ese libro es una putería”, “ese tipo es un putas”). 2) Según Corominas y Pascual, tiene una “etimología incierta”*, incertidumbre que por un mal uso de la palabra se transfirió a la conducta de las denominadas. Así, cuando en Pensilvania había un club social, el doctor Jiménez y yo, que éramos socios, acostumbrábamos recoger a algunas amigas en Casa Roña, quizás el mejor sitio de recreación con que ha contado el Oriente de Caldas, ubicado en Manzanares. Las llevábamos hasta Pensilvania y las presentábamos en la entrada del club como “la ingeniera Marta”, “la doctora (médico) Yurani”, etc. Al parecer, el comportamiento de nuestras invitadas no fue del todo bien recibido por algunas damas del pueblo, y fue así como en una ocasión en que intentamos entrar acompañados por dos de ellas, el portero nos llamó aparte y le dijo al doctor Jiménez que no podíamos entrar con esas ‘señoritas’ (fue la palabra que usó). Jiménez, obviamente molesto por tal desplante, le exigió una explicación al cancerbero. Éste le dijo en voz muy baja: “dotor, lo que pasa es que esas niñas son de dudosa reputación”. Jiménez, colérico, le replicó: “Ud. sí es un pendejo, ¿no? De dudosa reputación las que hay adentro; éstas son unas putas”. 3) Según la Real Academia, el término es sinónimo de ‘prostituta’, el cual, a su vez, significa “mujer que mantiene relaciones sexuales con hombres, a cambio de dinero”**. A mí, por lo menos, no me quedan dudas.
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* Corominas, J. & Pascual, J. Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Editorial Gredos, 2002, Volumen IV, p. 700.
** Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española, Vigésima primera edición, 2000, p. 1681.


Pablo Arango (el malo)
Libélula libros.

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