jueves, 4 de enero de 2007

"Cuando la foto se seca se seca algo mas que la foto"


Esa fabulosa y casi irreal red que ahora rige en gran parte nuestra existencia, que no por estar tan presente ha dejado de ser fantástica y aterradora, nos permite hacer cosas que antes parecían imposibles o difíciles. Por ejemplo hablar con alguien que esta muy lejos, o buscar y escribirle a quien ha estado perdido, o a quien queremos conocer. La lectura de “Bonsai”, obra que hace unos Boletines comente, me atrajo hasta el punto de haber querido hacer lo que Holden Caulfield sugiere en las primeras páginas de “El guardián entre el centeno”. Me puse en la tarea de encontrar a Zambra y lo encontré agazapado -¿cómo el guardián?- en la Universidad Diego Portales en la que es Profesor de Literatura. Allí atrevidamente le escribí proponiéndole una entrevista que él, amable, aceptó contestar:
PFA. Ha dicho Usted que la crítica literaria –incluso las reseñas- pueden ser un genero literario, y que la literatura puede encontrarse hasta en el manual de funciones de un refrigerador –idea atractiva y riesgosa-. ¿Qué es entonces la literatura?, ¿De qué esta hecha?, o mejor ¿cuándo algo es literatura y deja de ser meras instrucciones?
Alejandro Zambra. No sé -ni nadie sabe- qué es (o cuándo es) la literatura. Esa inquietud -escribir o leer sin saber adonde vas- es inevitable y deseable. No creo que lo que llamamos literatura dependa de un formato o de un género. Es más fácil saber qué no es la literatura, cuando escribes es más fácil decir qué no es lo que escribes. La literatura no tiene verdad ni un lugar específico. No es un "producto". Un texto bien escrito -y no me refiero, por supuesto, a su corrección gramatical- siempre describe una extrañeza. La extrañeza de hablar, de decir algo sobre algo o sobre alguien.
PFA. En “Mudanza” y algunos de los poemas de “Bahía Inútil”, el viaje es además de una tragedia, también una necesidad, ¿es acaso la literatura una manera de fijar o conservar lo que dejamos atrás, o de leer los restos que encontramos de quienes nos han precedido?
AZ. Pablo, ¿cómo conseguiste esos libros? Lo dices de forma muy exacta: escribir es una forma de fijar, y la imagen de los alfileres clavando insectos o recuerdos me parece acertada. Como una fotografía revelándose en la pieza oscura: lo que esperamos encontrar -el espejismo de un objeto o de un rostro- nunca es lo mismo que creíamos haber capturado. Cuando la foto se seca se seca algo más que la foto. Hay una pérdida, una cierta melancolía, siempre.
PFA. Usted ha declarado que “la literatura es un lugar de preguntas, no resuelve nada”. ¿Es que el ser humano necesita más preguntas que respuestas?
AZ. Claro. Creo que los buenos libros siempre dejan preguntas incómodas, insospechadas. La verdad es que tenemos demasiadas respuestas. Cada acción parece justificada, incuestionable, razonable. Y la literatura suele devolvernos esa zona de incerteza, de irresolución. Los buenos libros suelen mostrar las trizaduras de ese relato triunfalista y cerrado del que nos valemos para vivir.
PFA. Usted ha dicho que le interesa “la vida privada”: una vida en la que no pasa nada, que esta hecha de distancias que se crean y se borran. En “Bonsái” esta presente efectivamente esa preocupación, ¿cree que su obra seguirá girando en torno a este tema?
AZ. Sí, justamente la novela que publicaré en marzo próximo se llama "La vida privada de los árboles". Y ese es el tema: las distancias que intentamos acercar o alejar, como si pudiéramos, realmente, jugar con el tiempo. No sé muy bien, en todo caso, hacia dónde va lo que escribo. Ni siquiera sé si hacia atrás o hacia adelante. Esta novela de alguna manera quebró lo que con ella intentaba y ahora estoy escribiendo un libro de poesía que se llama "Historia de una sábana" que también me está resultando muy distinto de lo que me proponía.
PFA. El crítico español Joaquín Marco dijo en El Cultural de España que “Bonsái” no pasa de ser un proyecto. A mí no me parece una crítica desfavorable, ¿pero cree Usted que Bonsái es un proyecto o siente que se trata de una obra completa?
AZ. La verdad es que sigo viendo la escritura como escritura de libros. "Bonsái" iba a ser un libro de poesía y finalmente resultó una especie de novela. Lo único que siempre supe es que era un libro. No me aproblema demasiado esta "diferencia". Para mí el "Bonsái" es, de verdad, un resumen. Muchas partes de la historia las escribí "en largo" y decidí resumirlas, bocetearlas. Un resumen es, en todo caso, algo, algo completo. Y a mí me gustan los resúmenes.
PFA. Mudanza fue publicada por Quid ediciones, Bahía Inútil por Ediciones Stretis, dos editoriales pequeñas, desconocidas en gran parte de Latinoamérica. ¿Qué lo hizo pensar en Anagrama para Bonsái?
AZ. Pensaba publicar Bonsái también en una editorial pequeña y medio inventada, pues sabía que la brevedad conspiraría contra la posible publicación de la obra. La envié a Anagrama por si acaso, por intuición, y también porque es un sello donde tienen cabida las rarezas.
PFA. ¿Cree que la forma de Bonsái era propia de esa novela, o en cambio supone que seguirá por el camino de la brevedad?
AZ. La nueva novela también es breve, algo más larga que el bonsái. Es como un bonsái más grande y más rebelde a la maceta: 120 páginas. Pero el Bonsái debía ser un Bonsái, un resumen, un gesto largo. "La vida privada de los árboles" se le parece, pero más que libros hermanos son libros hermanastros.

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