miércoles, 31 de enero de 2007

A la sombra de las hojas



En la emisora argentina de televisión Canal(á) pasa los miércoles “El espía”: un “programa literario” en el cual Luciano Galende visita “las bibliotecas privadas de conocidos personajes que le mostrarán sus mejores libros, dónde los consiguieron, cómo los ordenan…” (ver: Notas breves sobre el arte y el modo de ordenar libros, de Perec).
Aparte las minucias de su realización, para quienes disfrutamos la manía de los libros la idea resulta sumamente atractiva: hay un placer furtivo en el escrutinio de bibliotecas ajenas, pues no hay mejor modo de saber de otro que por los libros de sus estanterías.
Y no es preciso que sea de cuerpo presente: conservo una carátula, y alguna página, de la revista Credencial (de abril de 1999) donde aparece Marianne Ponsford retratada junto a una parte de su biblioteca: provisto de una lupa he conseguido distinguir algunos títulos: Las lecciones de literatura europea y rusa de Nabokov, Under the volcano de Lowry, La aventura malaya de Echenoz, Ambrose Bierce’s civil war, El malogrado de Bernhard… y en primer plano: Hotel Savoy de Joseph Roth, mientras abraza: La lengua absuelta de Canetti. Esas fotografías alivian el ayuno de sus reseñas: que hicieron época en Cromos, y alguien debiera reunir en un libro.
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Rodrigo Fresán echa de menos la pregunta: ¿qué está leyendo?, otra manera de fisgoneo, y motu proprio se exhibe (Revista de libros de El Mercurio: 31 de diciembre pasado): “Y ahora mismo, junto a mi velador, están los siguientes libros: Against the Day, de Thomas Pynchon; Lisey's Story, de Stephen King; una biografía de Ray Bradbury, un trash-thriller muy divertido de Robert Ferrigno que transcurre en unos Estados Unidos futuros y convertidos al Islam; los relatos de Dino Buzzati; The Echo Maker, de Richard Powers; el segundo volumen de las memorias de Gore Vidal; una recopilación de las novelas "escocesas" de Robert Louis Stevenson, el Borges de Bioy Casares (que voy degustando en dosis homeopáticas antes de dormirme) y una guía para padres recientes y primerizos.” Diez libros: más de seis mil páginas, ocho kilogramos y medio sobre el velador. Incluidas las cápsulas de Bioy para el desvelo.


José Fernando Calle Trujillo

1 comentario:

Anaïs dijo...

Me encantaría disponer de tanto espacio que pudiera colocar todos mis libros de manera que se vieran sus portadas...es un sueño imposible pero realizable jeje quizá algún día...