martes, 3 de abril de 2007

W.H. Auden


El 21 de febrero de este año se cumplieron 100 años del nacimiento de Auden. Como era apenas apropiado para la ocasión, tratándose de Auden, nadie se dio cuenta, como en el Ícaro de Brueghel el viejo (“how everything turns away/Quite leisurely from the disaster; the ploughman may/Have heard the splash, the forsaken cry,/But for him it was not an important failure; the sun shone/As it had to on the white legs disappearing into the green/Water; and the expensive delicate ship that must have seen/Something amazing, a boy falling out of the sky,/Had somewhere to get to and sailed calmly on”). Ese silencio, esa quietud de todo el mundo ante lo que en otros casos es un motivo de recuerdo exaltado, estaban fuera de lugar en este caso, el de quien escribió ese burocrático poema (“The unknown citizen”), del cual ofrezco a continuación, sin ninguna humildad, mi versión.

Ciudadano anónimo
(A la memoria de JS/07/M/378. En un monumento de mármol erigido por el Estado)

El Departamento de Estadísticas dice que nunca hubo
Una queja formal en su contra,
Y todos los reportes sobre su conducta concuerdan
En que, en el sentido moderno de una vieja palabra, fue un santo,
Porque en todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad.
A excepción de la Guerra, hasta el día de su retiro
Trabajó en una fábrica y nunca fue expulsado,
Muy al contrario, satisfizo siempre a sus patronos, Fudge Motors Inc.
No fue tampoco un esquirol, ni tuvo puntos de vista extravagantes,
Porque su Unión informa que pagó sus deudas,
(Nuestro informe dice que su Unión era sólida)
Y nuestros trabajadores sociales encontraron
Que era popular entre sus compañeros,
Y que de vez en cuando le gustaba un trago.
La Prensa está segura de que compraba el periódico a diario
Y que sus reacciones a la publicidad eran normales en todo.
Las pólizas que suscribió demuestran que estaba completamente asegurado,
Y su historia clínica muestra que alguna vez estuvo hospitalizado, pero salió sano.
Tanto La oficina de Investigación de Productores como la de Estándares de Calidad de Vida
Declaran que era completamente consciente de las ventajas de la compra al fiado,
Y que tenía todo lo que necesita el Hombre Moderno:
Fonógrafo, radio, carro y nevera.
Nuestros investigadores de la Opinión Pública reportan con regocijo
Que tenía las opiniones adecuadas para cada época del año;
En la paz, estaba por la paz; en la guerra, iba a ella.
Se casó, y agregó cinco hijos a la población,
Número que, según el Eugenista, era el apropiado para un padre de la época.
Y nuestros profesores dicen que nunca se interpuso en la educación de los hijos.
¿Fue libre? ¿Fue feliz? La pregunta es ridícula:
Si algo hubiera salido mal, con seguridad lo hubiéramos sabido.

Traducción de Pablo Arango (el malo) –Libélula libros.

1 comentario:

Libélula libros dijo...

Pablo me hubiera gustado escribir este poema. No habiendolo hecho me hubiera gustado traducirlo. Me conformo con ser su lector, que no es poco.
Para estar en fila, no estan nada mal.
Pablo Felipe A.