jueves, 7 de junio de 2007

El cielo y el culo.



En “Humo sapiens”, Cabrera Infante refiere el caso de Joseph Pujol, “Petómano” consumado que hizo las delicias del selecto público del Moulin Rouge a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Desde luego, lo que le interesa a Cabrera Infante es que Pujol fumaba por el culo. De pasada, señala que “la indignación civil y militar alcanzó su punto más álgido (que quiere decir en realidad muy frío) cuando Le Petomane cantó “La Marsellesa” –con su culo”. Nunca pensé, sin embargo, que un antecedente de esta excepcional habilidad cantora fuera referido por el mismísimo Agustín: en La ciudad de Dios, el santo doctor se pregunta por lo que ocurrirá en el cielo con los apetitos carnales. Y elabora un argumento por analogía, recordando seguramente la vida licenciosa que había llevado en África, para demostrar que, estando en el cielo, seríamos capaces de controlar sin problema tales insanas inclinaciones. Dice el santo, comentando la forma en que distintas personas pueden controlar partes de su cuerpo: “… Hay otros que, comprimiendo un poco los diafragmas, sacan como de una bolsa lo que quieren de la infinidad y variedad de cosas que han engullido. Otros hay que imitan y expresan tan a la perfección el canto de las aves y las voces de las bestias y de otros hombres, que, sino se les ve, es imposible distinguirlos. No faltan algunos que, sin fetidez, emiten por el fondo sonidos tan armoniosos, que se diría que cantan por esa boca.”*. Ahora mi sospecha de que había alguna relación entre la retaguardia y el paraíso está sancionada en los más altos niveles.


Pablo Rolando Arango
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* He tomado la cita, gracias a la docta y oportuna referencia del Dr. Calle, de la página web: http://robertokles.blogsome.com/category/musica/, donde no se dice quién es el traductor.

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