viernes, 29 de junio de 2007

Libros y quesadillas



En el Congreso Iberoamericano de libreros llevado a cabo en la pasada Feria del Libro de Bogotá Alberto Ruy Sánchez, el escritor mexicano autor de “Los jardines de Mogador”, se refirió a la economía del libro como “barroca”, puso ejemplos y conectó las quesadillas que venden en la esquina de su barrio, con la diversidad y la sazón cultural que en las librerías puede gestarse. No fue explicito, pero creo que pensaba casi exclusivamente en las denominadas librerías de barrio. No imagino que estuviere dispuesto a equipara las librerías Gandhi con el puesto de quesadillas. La sugerencia de Ruy Sánchez es atractiva, emocionante mejor, pero no la comparto, y no puedo hacerlo porque precisamente soy librero y debo preocuparme por sobrevivir y crecer. El mundo del libro es complejo, competido y frágil, por eso un gesto inadecuado de romanticismo puede ser tan perjudicial como la creencia de la existencia de un dios que gobierna el mercado. Amable medianía creo que era el término que empleaban los abuelos. Ahí esta el secreto, en la amable medianía. No puedo creer que la librería sea un bastión de lucha contra el neoliberalismo, tampoco tengo porque suponer que es el negocio que generara la riqueza de mis nietos, es parte de mí existencia y de la de mí familia, y un lugar tan necesario y benéfico para la ciudad y sus habitantes, como son el supermercado, la panadería, el café y el bar, y estoy seguro que estos no se sienten los estandartes de nada, como estoy seguro que no lo siente la cocinera de quesadillas Señor Ruy.


pfa

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