domingo, 8 de julio de 2007

A la sombra de las hojas


Misiá Sofía: como la puso Gaspar desde tiempos de la librería Académica, es decir: Sofía Convérs, murió —el último día de mayo— casi al escondido. No creyó que el mal que la consumía fuera noticia que debiera importar a otros que sus más próximos. Por eso, según sé apenas ahora, después de someterse a intensos manejos médicos volvía como si nada a Palabras: como si volviera de La Suiza.
Era recia misiá Sofía, con reciedumbre que la hacía aparecer adusta. Ni treinta años tendría la primera vez que la vi allá en la Académica, cuando le pregunté —enseñándole una antología de Whitman por Borges—: “¿tiene otro ejemplar de este libro?”; “Luego ese qué tiene”, me respondió con una dureza inapropiada para su oficio. Que, como la vida, ejerció siempre sin zalamería.
Poco tiempo después, pero ya desde Palabras, misiá Sofía me mandó a mi oficina una cajita que contenía los primeros títulos de Panorama de Narrativas, colección que ha marcado mi vida de lector. Iban varios de cada título, y auncuando el propio no lo dijo, el envío tenía el mensaje de permitirme la escogencia tranquila.
Era seria misiá Sofia: pero de fino humor. En Salamina habíamos conseguido cuartos comunicados: los Velásquez, con Luisa chiquita, en uno; Hurtado y yo en el otro: en el que estaba el baño. Por la mañana me ponía jabón con la brocha cuando advertí que Sofía venía para el baño; al verme se devolvió a la carrera —lo que adjudiqué a su discreción— para enseguida aparecer con Luisa a la que decía: “Vea como se afeitaban los hombres antes.”
Ahora advierto que el sigilo con el que fue yéndose honra el tremendo consejo que abre los Pensamientos de un viejo de Fernando González: “Aconteció, pues, que pasando una ocasión un loco por junto al mendigo, éste le pidió una limosna. —Mi limosna —dijo el loco— será un consejo: ¡Oculta tu llaga! ”
Se cuenta que al entrar Kafka a casa de su amigo Max Brod, el padre de éste —que dormía en el sofá— se despertó; Kafka le dijo en un murmullo: “Siga durmiendo, que yo soy un sueño.” Así quiso pasar misiá Sofía: como un sueño.

José Fernando Calle Trujillo

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