domingo, 12 de agosto de 2007

Anobium punctatum





Aunque era evidente su presencia, gracias al constante arrojo de pequeños gránulos sobre el tapete y al daño ya descubierto en algunos libros, Carolina y yo nos habíamos empeñado en no verlo. Falta de dinero para invertir en un nuevo estante, tal vez falta de interés y fuerzas para remover la biblioteca y volver a comenzar la ardua y casi infinita tarea de reordenar los libros, intentando acomodarlos según alguna categoría, cuya discusión dura horas, y que al final no nos convence. Decidimos como siempre acomodarlos según el país de origen del escritor, en un montículo se fueron acumulando aquellos escritores que por cuenta de los últimos juegos políticos ya no pueden ubicarse en el país en el cual nacieron. Danilo Kis por ejemplo ¿dónde debería ir a parar?. Abrimos Wikipedia, buscamos la ciudad en la que nació y luego la ubicamos en un atlas, ¿Serbia, Croacia, Montenegro, Bosnia?, ya no recuerdo. Pensamos entonces que deberíamos conservar Yugoslavia, y que de esa forma nuestra biblioteca no haría el juego a los vaivenes políticos; nos llenamos de orgullo cuando vimos que esa idea ya la habíamos pensado al ubicar a los escritores del Imperio Romano aparte de los italianos, pero de inmediato la propuesta se vino abajo cuando radicalmente sugerí reubicar a todos los escritores de la Media Europa, del siglo XIX y primera mitad del XX, bajo el Imperio Austrohúngaro. La idea fue desechada, yo mismo no tuve fuerzas para persistir, ya quería en cambio ubicarlos según el idioma en el que escribieron. Pero no importa todo esto, logre al menos sacar las larvas del intruso (¿el intruso seré yo?) Anobium punctatum (carcoma) de mí biblioteca, espero que por completo; aunque ya había hecho terribles estragos, algunos libros fueron irrecuperables: Cantiga de José Manuel Arango; otros están en cuarentena después de un arduo proceso de limpieza que mis hijas observaron con asco: tres tomos de la Historia de la revolución francesa de Thiers, una antología de Jaime Jaramillo Escobar, una guía para la identificación de loros, el tomo 2 de la Antología de cuento colombiana de Luz Mery Giraldo y el tomo 1 del Parnaso Colombiano de Añez. Con cierto saludable presentimiento había ubicado en el estante carcomido, la literatura colombiana. Valga señalar a favor del animalito que es un artista, esos surcos que atraviesan las páginas tienen una particular belleza, y su arte es útil (para él), definitivo, se alimenta de lo fundamental –y es doloroso para el espectador-.


pfa

6 comentarios:

Franco dijo...

Esta entrada me hace pensar que el Anobium punctatum es como ciertos seres humanos: a pesar de que "devoran" libros, al final no les sirve de mucho. Habrá que tener cuidado.

Jose F Calle dijo...

El Anobium punctatum (carcoma) que visitó de mi biblioteca era de gusto distinto: se aplicó a "La tienda de color canela" de Bruno Schulz, una muy apreciada edición de Barral. Pronto lo sorprendí y (quiero creer) lo "erradiqué".
De todas maneras lejos estaba Jaime Jaramillo, y no tengo la antología de Luz Mery Giraldo. De pronto eso me salvó.
Como decían las señoras de acá: "Duelos te mando".

Pablo R. Arango dijo...

Parece que los bichos le van copiando el gusto al dueño: en la mía se dieron un banquete con los 4 tomos de la autobiografía de A. Koestler, siguieron con varios tomos de Conrad y tenían de postre los ensayos reunidos de Orwell... Cuando los sorprendí. Lo que me dio más rabia es que para darse el festín pasaron por encima de dos Jorge Franco, un Santiago Gamboa y otro par de Mempo Giardinelli, sin sin quiera dar una probadita. Me quedó cierto residuo de culpa cuando los maté.

Jose F Calle dijo...

"Bien, si quieres descifrar el significado de unos garabatos negros impresos en una hoja de papel blanco, no puedes ser un gusano que esté abriéndose paso a mordiscos por la hoja, tienes que estar fuera de ella para ver que forman una determinada silueta..."
Este texto de Stefan Themerson en "El misterio de la sardina" conviene al magnífico de Pablo Felipe, y sustenta el fastidio que le he tenido siempre a la frasecita: "Todavía no le he metido el diente", refiriéndose a un libro.

Rafael dijo...

No tengo todavia una historia sobre el Anobium. Tal vez mis estantes aun no sean muy suculentos.

Pablo R. Arango dijo...

Doctor Calle, cálmese. Hay gente que sólo tiene dientes.