domingo, 26 de agosto de 2007

Tibor Fischer, Filosofía a mano armada.



Después de reír durante horas no pude saber si ésta era una buena novela. Es divertida, eso sí. Pero el autor parece gozar tanto como el protagonista pasando por encima de los lugares comunes, que uno se queda sin saber si era una novela o una mamadera de gallo. Que los personajes deben ser verosímiles. Ninguno lo es en este libro. Ni la trama, ni los diálogos. Pero te mueres de risa; y ya quisieran muchas novelas lograr eso. Es la historia de un profesor de filosofía de Cambridge que huye a Francia y se vuelve ladrón de bancos junto a un atracador genuino. El asaltante termina más interesado por la filosofía que el profesor, y le exige a éste un método filosófico para cada atraco. “Hubert insistió en otra píldora filosófica antes del golpe, de modo que, después de haberle informado debidamente, hicimos un socrático. –Entonces, Hubert, ¿qué es lo que propones? –Propongo que busquemos trabajos honestos. –¿Cuál sería, Hubert, el motivo para ello? –Ganar dinero. –¿Te parece posible que tú, una ruina sin talento e infraeducada, y yo, una ruina sin talento y sobreeducada, podríamos conseguir algún puesto de sueldo razonable? –Lo dudo muchísimo. –¿Y no sería más eficaz caminar hasta ese banco que tenemos delante y despojarlo de su lucro? –¿Debería protestar un poco más?”. El protagonista es, definitivamente, un pensador de tendencia empirista: “Quería saltarle la tapa de los sesos, pero luego me puse a razonar y pensé: ¿qué le habría enseñado la experiencia?”. Una sugerencia interesante: los filósofos se dedican a buscar la verdad, pero su problema es de método. El protagonista recuerda que si le aplicas una picana al cliente en los testículos, es muy probable que obtengas la verdad, toda la verdad.


Pablo Rolando Arango

1 comentario:

Jose F Calle dijo...

"Prácticamente todos los problemas de la vida vienen de ponerse de pie."
Esa sola paráfrasis de Pascal (página 45) bastaría para hacer memorable la Filosofía de Fischer.