domingo, 9 de septiembre de 2007

Notas



Si algo define la vida contemporánea es la paranoia. Al contrario de lo que habría podido suponerse, los múltiples objetos y herramientas que nos rodean, no nos han brindado tranquilidad alguna. Gozo inmediato tal vez, cierta holgura en el tiempo también. Pero nos han cubierto de miedos. Disponemos de un teléfono celular por ejemplo, pero tememos -al parecer sin fundamento- el daño que nos generen sus ondas y energía. Hace poco salió al mercado un dispositivo para instalar en el pomo de las puertas en los hoteles, la idea es que alerte sonoramente cuando un intruso quiera abrir la puerta, o al menos la toque. Podrá haber sucedido, pero a mí nunca, nadie ha querido entrar a mi pieza. -lo obvio es que si quisiera hacerlo, lo hiciera durante las horas en que no me encuentro, y no justo cuado duermo-. Es natural y humano temer, parece incluso necesario, lo patético es escoger tan ridículos objetos de temor.

Si en todos los demás momentos la gente actuara con el mismo empeño con el que algunos lavan su vehículo los fines de semana.

pfa

1 comentario:

FRAC dijo...

Cuanto más sofisticado sea un sistema más débil se revelará.

Un acierto la descripción de librería que se puede leer en vuestro perfil.

Un saludo!