miércoles, 17 de octubre de 2007

A la sombra de las hojas


Cuando muchacho, mero dilettante —que sigo siendo—, sentía el adagio como molesta interrupción del allegro recién acabado, y demora del allegro por venir. Me supe llegado a la madurez cuando empecé a preferir el lento: en el medio para, por contraste, subrayar su dulce condición. Pasados los años, la vida me concedió la dicha de la amistad del poeta Daniel Echeverri: entendido en los estratos de la tierra, y de la música. Una vez le pregunté si le gustaba la Marcia funebre de la Sinfonía Eroica (la 3a) de Beethoven: “Hay música”, me dijo sin esconder su pesar, “que a mis años no puedo oír”. Seré viejo cuando no pueda oír la Marcia funebre de la Eroica.
Marisa Madieri —a quien están dedicados El Danubio y Microcosmos de Claudio Magris— escribió, con palabras comunes una verdad por eso mismo incontestable: “… he llegado a una madurez en la que las cosas y los acontecimientos parecen tener un ritmo más lento…” El apunte es del 25 de noviembre de 1981, cuando Madieri tenía cuarenta y tres años, y pertenece a su libro: Verde agua (editorial Minúscula, cuarta reimpresión: 2003).
Lentitud que reclama la lectura de: La mesa limón, de Julian Barnes (Anagrama, 2005). Una colección de cuentos que trata de la vejez y la muerte; pero que no puede rehuir el otro tema: el amor. Está ahí el amor nunca cumplido —y por eso sin principio, intermisión ni fin— de Anders Bodén y Barbo Landwill en: La historia de Mats Israelson, que parece escrita por Isak Dinesen.
En el último cuento: El Silencio, Barnes pone a decir a Sibelius: “… ¿por qué tenemos que esperar que el movimiento final de la vida sea un rondo allegro? ¿Cuál es la mejor manera de indicarlo? ¿Maestoso? Pocos tienen tanta suerte. Largo…, todavía un poco demasiado digno… la vida no desemboca en un allegro molto en que el director despelleja a la orquesta para que toque más aprisa y más alto. No, para su movimiento final la vida tiene a un borracho en el estrado, a un viejo que no reconoce su propia música y que no sabe distinguir un ensayo de un concierto.”
José Fernando Calle Trujillo

3 comentarios:

FRANCO dijo...

Doctor Calle, estimado Pablo Felipe: conocí a Pablo R. este fin de semana y tengo que reconocer, con toda la sinceridad de caso, que el remoquete de "el malo" que le ponen (o se pone) allá en Libélula le viene como anillo al dedo. Quedé antojado de otros guaritos con ese facineroso, como bien le dijo don Camilo Jiménez. ¡Salud!

Jose F dijo...

Me alegra mucho, amigo Franco, verlo por aquí.
Lo de El Malo se lo puso el mismo Pablo Rolando (o Pablo R., como quiere ahora). Autodenominado El Malo, es un ser humano espléndido al que queremos mucho.
No he puesto comentarios en su blog, que frecuento, pues queda uno convertido en mosca muerta, que según el DRAE es:
"1. f. coloq. Persona, al parecer, de ánimo o genio apagado, pero que no pierde la ocasión de su provecho."

FRANCO dijo...

No lo había pensado así, estimado doctor Calle (lo de las moscas muertas, digo), pero ya ve que luego de la definición del DRAE me gusta aún más. Anímese y se pega un comentario de cuando en vez. Yo también frecuento mucho este blog, a pesar de que don Pablo Felipe lo tiene muy abandonado. Ahí les dejo ese tirón de orejas amistoso.