sábado, 27 de octubre de 2007

Lo único cercano al oficio literario, es la literatura misma



Recuerda Edmond Jabes que en 1934 cuando conoció a André Gide, se avergonzó al contar que trabajaba en una oficina, pero Gidé le “reconfortó singularmente al decirle que un trabajo cercano a la literatura –edición, periodismo, etc- era para la escritura mucho más nefasto, ya que obligaba tarde o temprano, a unos compromisos”. Eso es cierto, y no solo por la razón expresada por Gidé, sino además porque la literatura termina contaminándose gracias a esos supuestos lugares cercanos, y tal contaminación no es grave porque induzca al tratamiento de ciertos temas, sino porque vuelve trivial a la literatura, le consume toda su fuerza, la convierte en simple objeto de consumo. Lo único cercano al oficio literario, es la literatura misma, y cuando ella es cierta surge de lo más profundo, no es mera pose, ni sirve para cumplir tareas o ganar concursos. La literatura cuando es arte no requiere de impulsos o promociones, ni siquiera exige tiempo, es la forma que ciertos espíritus emplean para manifestarse, de la misma forma que otros hacen música o pintan. Lo grave esta en que ahora solo notamos a quienes publican libros por el mero deseo de publicar, no porque tengan algo que decir, o se les haya hecho imposible no contarlo. Luce mucho escribir columnas en Soho y publicar una novelita.
Confío en aquel escritor que está en lo suyo, escribiendo porque lo considera necesario para él mismo, y que guarda en el cajón sin esperanza. Seguramente muchos serán, y la mayoría, torpes, pero no importa, alguno será el Kafka que nuestros bisnietos nos reprocharan no haber percibido.
Si Jabes trabajaba en una oficina al igual que Wallace Stevens, Eliot, Pessoa, Arturo y tantos otros, que no nos vengan algunos con disculpas y otros con estúpidas exigencias.


pfa

1 comentario:

CCamilo L. Echeverri dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.