miércoles, 26 de diciembre de 2007

A la sombra de las hojas


En enero de 2005 John Updike escribió en The New Yorker: “Kafka on the Shore”… is a real page-turner...” Que la editorial Tusquets tradujo: “Un libro que… se lee de un tirón...” El incontenible pasar de las hojas resulta en una lectura sin intermisión.
Según John Freeman, en The Independent —reproducido por La Jornada el 10 de mayo de 2006—, Paul Theroux leyó Everyman (Elegía en la traducción española: Mondadori 2006), de Philip Roth, “de una sentada” y luego: otra vez “con aún mayor placer y admiración”. De una sentada vale también, como de un tirón, por: “de una vez”.
Leen, dicen que leen, sin pausa ni sosiego, de seguido: principian y sólo suspenden cuando acaban. Ni alzan la vista del libro. No son, por supuesto, lectores comunes. Leen con una finalidad cierta: apuntar —escribir es su (¿otro?) oficio— sobre lo que leen; y, por supuesto, reciben paga por ello. Para los lectores profesionales la lectura es una obligación; y querrán andarla pronto. Y para despachar lo que origina —ensayo, reseña — echan mano de fórmulas hechas: que el autor es una combinación de otros: mientras más disímiles mejor; que se trata de una novela de formación: luce poner: Bildungsroman; o lo opuesto: Guadalupe Nettel en Letras Libres de octubre; si la carátula es negra, conviene aludir a las páginas negras de Tristram Shandy, y de ahí — por medio de Yorick— a Shakespeare. Y que se lee de un tirón o de una sentada.
He fatigado (Borges dixit) las reseñas de Everyman-Elegía: casi todas registran la terrible cláusula: “la vejez es una masacre”; pero ninguna se acuerda de Chateaubriand: “La vejez es un naufragio.” Ni de Sir Thomas Browne que escribió en Hydriotaphia: “Que enterraran a sus muertos de espaldas, o en posición supina, parece conforme con el sueño profundo…”; el enterrador de Everyman recuerda que la tumba debe ser lo bastante llana “para que se pueda poner ahí una cama.”
Al final (página 146) el hombre común, Cualquiera: “No quería irse nunca de allí.”: de aquel ruinoso cementerio judío, donde “le bastara con volver la cabeza para tener un atisbo de la lápida de sus padres.” Y le fue concedido: “Mi padre quería a sus padres y debía estar cerca de ellos. No deseaba que estuviera solo…” (página 13)

José Fernando Calle

8 comentarios:

Bienvenidos. dijo...

No no no no no no no no no!!!!!! Estoy escandalizado!!! Ahora sí, no creo que vuelva a la Librería hasta que me pase la pena... o la envidia, Ustedes leen mucho y muy rápido. (mis palabras tienen como móvil el último boletín).
Es en serio: no vuelvo hasta que me sienta más... más... digno, menos tonto.

pin2 dijo...

También sobre el último boletín, respecto a la colección de referencias a Bach.

Como parte de nuestros ajetreados planes de ferias, Felipe Calderón y yo asistimos al concierto del órgano de la Catedral. Viejo y maltratado, apenas con un maquillaje de unos cuantos millones para que pudiera al menos simular el sonido, pudimos presenciar, primero desde las bancas llenas de feligreses (no) arrepentidos, cómo la voz de órgano trataba de hacerse oir desde el clóset en el que lo guardan. Después de unas piezas de Tchaikovsky y Schubert que no alcancé a presenciar, llegó Bach y la voz de Dios se hizo escuchar. Al final, después unos corales, fugas y de la obligada Toccata en Re menor, subimos a ver el vejestorio y de nuevo nos regalaron más música del maestro. Yo ya pasé la etapa de sorprenderme por el hecho de que el órgano se toque con pedales, pero para demostrar su uso con los acordes que Bach introducía y que hacían que lo llamaran loco, según la anécdota que nos contó el intérprete, estuvimos justo debajo de los inmensos tubos y, aunque la mecánica del aparato fue explicada satisfactoriamente, el efecto fue increíble. Por más ateo que uno sea, es imposible no oir la voz de Dios en la música de Bach: la Ira divina es un acorde de Napolitana que resuelve a una cadena de dominantes con suspensiones en el registro bajo del órgano. Bach es el único emisario que Dios tiene en la tierra.

Bienvenidos. dijo...

Otro apunte más sobre el nuevo boletín. No, mejor dos apuntes:
1)Leo -por fin, con gusto, y para que no me regañen- las reseñas de Pablo Felipe,y me encuentro con que casi todas dicen "pfa", y otra (una como al laito izquierdo y con moradito o azul)dice "Pablo Felipe Arango". ¿Es esto un caso de doble personalidad? Si la respuesta es sí...
2) Cada vez que quiero mirar el blog de Libélula escribo mi nombre, inconscientemente. ¿Es este otro caso de doblepersonalidad?, o simple estupidez, o es porque la librería forma -hoy por hoy- parte de mi. (lagrimitas)

FRANCO dijo...

El primer comentario de quien firma como "Bienvenidos" me hizo acordar de la frase que ve Jack Nicholson escrita en una máquina durante esa gran película de Kubrick que es El Resplandor: "No por mucho madrugar amanece más temprano". Y el segundo... snif, snif (¿alguien tiene un pañuelito?).

Libélula libros dijo...

Franco, franco; pero se ve el amanecer.

FRANCO dijo...

¡Ay sí, se ve! Pero con un sueñito...

Libélula libros dijo...

Franco, todo depende de que tanto sueño nos provoque la belleza.

Lucaz dijo...

Muchas de las ideas de Roth sobre la parca, magistralmente condensadas en Elegía, las había trabajado antes en El Teatro de Sabbath (excelente) y en La Mancha Humana, una novela que me pareció muy importante por que pone en su sitio la tal "corrección política" pero no tan buena.