jueves, 13 de diciembre de 2007

Que curiosa paradoja



Hace pocos días Amazon lanzó al mercado el lector portátil de libros Kindle. Han advertido que es mucho mejor que los anteriores lectores, todos fracasados. Inalámbrico, permite el acceso rápido al libro que queramos, desde cualquier lugar, obviamente pagando. La página de lectura no refleja la luz externa, de tal forma que se puede leer en exteriores, permite tomar notas, posee señalador e incluso cambia las páginas imitando los libros físicos. Un artilugio de lectura que imita en muchos aspectos el reproductor musical Ipod. Los más optimistas suponen que ahora sí los tecnólogos han logrado dar con un verdadero sustituto del libro físico, que además permitirá cargar con la biblioteca entera en el bolsillo. No obstante a mi aun me surgen inquietudes:
1. Se trata de un aparato que pretende imitar el libro físico, es decir los fabricantes aceptan que los posibles compradores sienten un apego al libro y a sus elementales virtudes, y en consecuencia pretenden imitarlas, entonces ¿por qué alguien preferirá la copia al original?
2. El Kindle se sustenta en la idea de que será común que una persona quiera contar con trescientos o cuatrocientos libros de manera permanente. Si es extraño hoy en día la presencia de este número de libros en una casa de familia media y con estudios universitarios, ¿por que no va a serlo mañana?. Cualquiera, aun el más ignorante en temas musicales quiere tener un Ipod, al fin y al cabo nada se exige para escuchar música popular, pero leer es un asunto distinto, y este sí, necesariamente intelectual.
3. La lectura conduce en la mayoría de los casos a un acto social, es decir, primero leemos algo y luego queremos conversar con alguien de lo leído, e incluso prestar el libro, ¿cómo podrá prestarse lo leído en el Kindle?, y ¿ello será posible en términos legales y técnicos?. Esta inquietud conduce a una más: ¿cómo serán y cómo funcionarán las bibliotecas públicas?.
4. Han advertido que el precio del Kindle estará entre 500 y 600 dólares, a esto debe sumarse el costo de cada libro que se baje. El promedio de libros leídos aun en los Estados Unidos es de dos o tres por año, es decir algo así como 50 dólares, ¿por qué un lector estaría dispuesto a pagar tanto más, por libros que no leería?
5. Es probable que los libros que se adquieran y bajen al Kindle no puedan ser trasladados a otro aparato, de hecho algunos críticos han advertido que gracias a las seguridades que posee, este es incompatible con muchos formatos, en este caso entonces vale preguntarse cuantas personas estarán interesadas en un lector tan restrictivo, ahora bien, sino lo es ¿qué escritor estará dispuesto a que su obra circule libremente sin que se le cancelen derechos de autor?
Dudo del sustento financiero de este proyecto, no percibo la existencia de un publico masivo como el del Ipod, sin él, pronto lo retirarán del mercado. Que curiosa paradoja, los tecnólogos se dedicaron a diseñar un aparato que supone altos niveles de lectura, no fueron informados de la realidad, claro, para eso debían saber leer, algo más allá del diseño y de la calenturienta imaginación de las películas futuristas.

(pfa)

5 comentarios:

FRANCO dijo...

Una más: ¿Dónde me deja el placer de oler los libros? ¿A qué olerá esa vaina? ¿A computador? No hay de otra...

Carlos A. y Pablo R. dijo...

Los libros virtuales deben de ser como el sexo virtual. O como chupar teta con brasier (y uno con ganas de tocar las hojitas).

FRANCO dijo...

Oistes, dotor Calle, por ahí te pillé en el gabinete del señor Llano. ¿Sos vos, cierto?

Tomás David dijo...

No soy tan optimista: el libro cada día tiende a desaparecer: cada vez somos menos los románticos, cada vez menos los que olemos: son más los ecologistas que recriminan la cantidad de hojas utilizadas. El progreso pos modernista (disculpará don Rolando la horrible palabra) no piensa tanto en el i-pod : es algo natural (no como pfat que lo ve como una extravagancia moderna), como consultar el e-mail. El aparatico ese cautivará, pero no llegará a "La perorata del apestado" y su belleza. Nunca. No en esta vida.

Carlos A. y Pablo R. dijo...

Además, querido Tomás, con un mal libro electrónico uno no se puede limpiar el culo, a menos que lo imprima, y en el papel adecuado.