jueves, 14 de febrero de 2008

A la sombra de las hojas


Es fama que cuando le preguntaron si Homero había escrito la Ilíada, George Bernard Shaw contestó: “Verá usted, señora; no fue así. Homero no escribió la Ilíada; la escribió un contemporáneo suyo llamado también Homero, y de ahí la confusión.”
Para mayor confusión, casi treinta siglos después un entusiasta escritor italiano: Alessandro Baricco disputa a los dos Homeros la autoría de la Ilíada: pero mientras Homero obró por acumulación, Baricco se vuelve autor mediante el procedimiento inverso: “En primer lugar, practiqué una serie de cortes... me limité, en lo posible, a eliminar repeticiones… y a aligerar un poco el texto. Intenté no resumir nunca, sino más bien crear secuencias más concisas utilizando secciones originales del poema. Por ello, aunque los ladrillos son los homéricos, la pared resultante es más esencial…” Y: “… corté todas las apariciones de los dioses… no las hubiera quitado si hubiera estado convencido de que eran necesarias.” Como se ve, salvo por “algunas, pocas, adiciones al texto”, el Homero italiano de ahora no emplea la pluma sino las tijeras: así la Ilíada ha adelgazado de 520 páginas, de la edición de Planeta que reproduce la clásica de Gredos, a 190 en la edición de Baricco (Anagrama).
No me ocuparía del asunto si no fuera porque, jugando a ser Magris, Baricco ha compuesto un texto —talvez más largo que su miniatura Seda: que tiene brevedad de editor competente— donde se queja de Gordon Lish por haber suprimido páginas enteras de los cuentos de Raymond Carver.
Y como he declarado siempre mi preferencia por el estilo escueto, contenido, conciso: diría Baricco, de Carver ahora mismo sufro ciertas sonrisitas condescendientes de muchachos a los que disgusta. Sólo déjenme decirles: en su ensayo Fuegos, Carver pone: “… estaba escribiendo un cuento que titulé Los vecinos. Finalmente terminé el cuento y se lo envié a Lish. De inmediato llegó una carta en la que decía cuánto le había gustado, que le estaba cambiando el título a Vecinos, que le estaba recomendando a la revista que me compraran el cuento. Lo compraron, lo publicaron…” Y: “No podía ir a ninguna parte, no podía retroceder ni adelantar. Fue entonces cuando Lish recopiló algunos de mis cuentos y se los dio a McGraw-Hill, que los publicó.” Y, a pesar de semejantes atrevimientos, Carver remata: “Influencias John Gardner y Gordon Lish. Tienen títulos irredimibles.” Cuando me muestren algo así de Homero sobre Baricco volvemos a hablar.
José Fernando Calle T.

6 comentarios:

Pablo R. Arango dijo...

Por favor, no le vayan a poner editor al Dr. Calle, y menos de la estirpe de Gordon Lish, porque ahí nos quedamos es con el puro silencio. Y tampoco, tampoco hasta allá.

Bienvenidos. dijo...

Jeje, ya ve que Carver no me disgusta tanto.

Tomás David dijo...

El calificado como viaja'o, es mas bien un elogio, una enseñanza.
Y tranquilo Doctor Calle que ya estoy investigando...

Pablo R. Arango dijo...

Al fin qué: ¿es mejor Carver, Gordon Lish, Carver-Lish o Carver-Lish-Calle?

Pablo R. Arango dijo...

Se me olvidaba: la próxima vez que compre un libro en libélula me van a tener que dar el certificado de autentilishidad.

FRANCO dijo...

A propósito del 'A la sombra de las hojas' que aparece en el boletín número 40 de Libélula: ¿Es mi impresión o al doctor Calle le da, de cuando en cuando, el famoso síndrome de Bartleby?