sábado, 9 de agosto de 2008

Los pecados capitales.

Un número de años igual al de los pecados capitales cumple Libélula. Son muchas las asociaciones que podrían hacer entre el número siete y sus sentidos: Dios descansó el séptimo día, también son siete los colores del arco iris, los días de la semana, los sacramentos, los dones del espíritu santo, las notas musicales… bla, bla, bla.
Pero en lo personal me gustan los siete pecados capitales. Hay una buena película sobre el tema y en la librería se vendieron como pan caliente el año pasado una serie de libros dedicados cada uno a uno de estos pecados.
Nada de ingenuidades lectores, el infierno les espera regresando a La Librería durante su séptimo año. Lo he visto con mis propios y condenados ojos. He visto en la expresión de los visitantes la avaricia, la gula, la lujuria, de a una o a la vez, están ahí cuando abren ciertas páginas, al rozar con los dedos un libro, al abrir una caja y encontrar el título largamente esperado. Se muestran impávidos pero no os engañéis, quieren poseer esos libros a toda costa, devorarlos rápidamente, con una pasión desbordada. Van a sus casas, se encierran, algunos apagan el teléfono, y no salen hasta estar ahítos.
Y qué decir de la pereza, Por Dios, un sábado, una tarde entera entregada a este magno vicio. Se les ve por ahí, a los clientes, sentados, hablando, tomando café sin hacer nada más que conversar las horas enteras mientras el tiempo se escapa, lento y perezoso, como los propios visitantes.
Sobre la ira, la envidia y la soberbia ¿deberá callar el que ahora firma? No. Pero para no mancillar alguna alma que todavía pueda salvarse hablaré en primera persona. Ira, claro, cada vez que un libro por el que espero no llega o lo ha comprado alguien más. Y es en ese momento cuando llega la envidia. Me acerco al comprador lo miro con desdén, con soberbia, y digo: “un buen libro, sabe… pero no es la mejor traducción y esa editorial, bueno… yo sigo esperando a que llegue una edición que supera a todas las demás… hace poco me la pidieron aquí, casi inconseguible, pero es que en esta librería me miman todo el tiempo”.
Carlos Augusto Jaramillo – Libélula libros

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