miércoles, 10 de septiembre de 2008

Estambul. Orhan Pamuk. Traductor Rafael Carpintero. Literatura Mondadori. 2006.

La historia es la siguiente: el pequeño Orhan Pamuk pertenece a una familia progresista en la Turquía de Atatürk, laica y occidentalizada. Ciudad: Estambul. Orhan camina sus calles y las siente en blanco y negro [cap5]. Pelea con su hermano mayor y disfruta de la arquitectura de las antiguas mansiones otomanas, mansiones de madera que se incendian regularmente; Orhan lo disfruta, goza con el humo de los barcos que navegan el Bósforo y goza con los ojos de una rosa negra [cap35]. Por el contrario, sufre con las peleas de sus padres. Palabras y fotografías [cap34]; las casas de Estambul son remendadas, reparadas, a expensas de las murallas construidas por sultanes de un imperio muerto y enterrado en la memoria. No sé si leer un libro de memorias es querer sentirse identificado, encontrar un espejo en cada página. A mí me ocurrió. Sentí alegría con aquello que Pamuk describe como un impulso incontrolable por escupir o tirar cosas desde un edificio muy alto. También me sentí identificado con el amor de Pamuk por la pintura; las presiones para dejarla y la forma de vivirla, con pasión y amargura o Hüzün [cap10]. Orhan Pamuk, ganador del Nobel en 2006, es un hábil escritor. No porque los esbirros de Alfred lo digan, sino por haber logrado aquello que muchos desean: disecar el alma de una ciudad, y todo esto para el deleite de los snobs que lo leemos a miles de kilómetros del Bósforo, las mezquitas y los monumentos del Imperio Otomano, que casi ningún turco respeta. Álbum de fotos. Pamuk hace una compilación de las fotografías (ver anexo "Sobre las Fotografías", al final) que producen que el lector entre mejor en la ciudad, logrando una experiencia que sobrepasa las palabras. Cuando este habla de la amargura (Hüzün) y desarrolla minuciosamente su sentido, todo se entiende mucho mejor gracias a cada fotografía. Particularmente interesante en el relato de la ciudad es la edificación de su alma a través de las visitas y las obras de artistas occidentales: Melling [cap7], Flaubert [cap31], Nerval [cap23], Gautier [cap24], De Amicis, emulados luego por sus colegas turcos: Ahmet Rasim [cap15], Reşat Ekrem Koçu, Yahya Kemal [cap26], Tanpınar [bis], Abdülhak Şinasi Hisar [cap11]. Alguna vez –en realidad fueron varias- escuché que si destruían Dublin podrían reconstruirla con una extenuante lectura del Ulises de James Joyce. Ahora pienso que si Occidente devorara definitivamente el alma de Estambul, esta podría ser reconstruida leyendo Estambul, ciudad y recuerdos. De Ulises también se ha dicho que ni una bala puede atravesar su primer capítulo, demorando aún más la reconstrucción de Dublin si cayera en desgracia. Estambul es un libro deliciosamente escrito, entretenido y misterioso; así, cuando los bárbaros lleguen, habrá esperanza de darle nuevo aliento a una ciudad aparentemente inmortal. Creo que el alma de Dublin podemos encargársela a Bukowski.
Felipe Calderón V.—Libélula libros

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