martes, 9 de septiembre de 2008

El control de la palabra.

Propone Schiffrin, en "El control de la palabra", una prensa subvencionada por el estado y propone además subvenciones para los editores, distribuidores y libreros. Cree que el estado puede permanecer indemne a las presiones de quienes detentan el poder, es decir, supone que el estado es un ente autónomo, superior y omnímodo, tal como otros creen que es el mercado. Pero afortunadamente el problema del comercio del libro no reside en la disyuntiva estado versus mercado. La angustia de Schiffrin, autor de "La edición sin editores", es la concentración en unas pocas manos de editoriales, distribuidoras y medios de comunicación; advierte la situación de países como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, en donde un porcentaje elevado del mercado de libros ha sido acaparado por unas pocas corporaciones. Lo descrito por Schiffrin es cierto y por supuesto preocupante, más aun cuando se conoce el increíble desparpajo con que por ejemplo Patrick Le Lay presidente de TF1 (canal de televisión francés) afirma: "El oficio de TF1 consiste en ayudar a Coca Cola a vender su producto. Ahora bien, para que un mensaje publicitario sea percibido, es preciso que el cerebro del telespectador esté disponible. Nuestras emisiones tienen, por vocación, la tarea de hacerlo disponible. Lo que vendemos a Coca Cola es tiempo de cerebro humano disponible".
No obstante la propuesta de subvenciones o estatización de Schiffrin es ingenua y un tanto trasnochada. Vale en cambio la ponderación que realiza del trabajo de un grupo de editores y libreros gracias a los cuales se garantiza la efectiva circulación de verdadera literatura y de opiniones independientes. Lo demás que suceda: el cambio de propiedad de ciertas editoriales, la concentración, el viraje ideológico de algunas o la desidia con respecto al valor de sus propios fondos editoriales, son asuntos dolorosos pero intrascendentes. El tiempo se encargará de ir reacomodando las cosas; por lo pronto es preferible recordar la sentencia de Walter Scott: "paciencia primo y baraja las cartas". (pfa)

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