jueves, 4 de diciembre de 2008

A la sombra de las hojas

Por pura casualidad me entero de que cierto intelectual ruso: N. K. Mijailovsky se le subió a las barbas al mismísimo Marx, que —en carta a una revista doctrinal, fines de 1877— quiso fulminarlo, a saber: "A todo trance (Mijailovsky) quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ellos concurran..." Al preocupado lector le ahorro el previsible resto; pero advierta que, al modo de un boomerang, procurando anular a su crítico, lo que Marx consigue es disuadirnos de leerlo a él mismo.
Compárese con el efecto de la crítica que Chéjov desliza en su cuento: Historia de una empresa comercial (El camaleón y otros cuentos…, Panamericana 2002, páginas 75 a 77); ahí el improvisado, y extraviado, librero Andrey Andreyevich Sirov sufre el siguiente percance: "Casualmente ocurrió que, cuando estaba trepado intentando alcanzar la última estantería, su cuerpo le transmitió un leve temblor a la estructura y los diez tomos de Mijailovsky, uno por uno se cayeron de la repisa. Uno de los libros lo golpeó en la cabeza y los demás fueron a caer justamente sobre las lámparas, destrozando dos de las caperuzas de cristal. —¡Siempre es que tiene una manera bastante pesada de escribir! —murmuró Andrey Andreyevich sobándose la cabeza.
Caído de las barbas de Marx, alguna curiosidad podría suscitar Mijailovsky; caído de las estanterías de Sirov—Chéjov: no. Pues según Ezra Pound: "Lo sombrío y lo solemne están enteramente fuera de lugar, incluso en el estudio más riguroso, al tratar de un arte que originariamente fue hecho para alegrar el corazón del hombre.” Y remata con las palabras de Sterne: "La gravedad, ese porte misterioso del cuerpo para ocultar los defectos del alma." (El ABC de la lectura, Ediciones de la Flor 1977, página 11).
Digo todo esto para explicar la respuesta que di a Christian, cuando me averiguó por Paul Bowles: "Fue el marido de Jane Bowles*.” Mal marido, agrego ahora.
*Jane Bowles —"esa leyenda moderna” (Capote dixit)— es autora de la prodigiosa novela: Dos damas [muy] serias, con la cual principió la colección Panorama de narrativas de Anagrama.
José Fernando Calle
Libélula libros

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