martes, 20 de enero de 2009

A la sombra de las hojas

"Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.", escribió Augusto Monterroso (Fecundidad, en: Movimiento perpetuo, Seix Barral 1981). Me ocurre, y no sólo como redactor de estos apuntes: principalmente —por analogía— como lector. A veces, las raras veces que consigo terminar un libro de más de doscientas páginas me siento un Pablo Felipe. Lector de cien metros llanos, no de maratón: con mucho gusto dejo a otros los mamotretos (otra vez: "literalmente, ‘criado por su abuela’, y de ahí, gordinflón, abultado, por la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos", según la etimología que registra el diccionario). Con excepciones, por supuesto: La Habana para un infante difunto (Seix Barral 1980, 714 páginas) de Cabrera Infante, en primer lugar. Tantas veces vuelvo a él, pero no para andarlo entero: lo abro en cualquier página y leo lo que se me antoja; de ese modo obraba Faulkner: "He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos." (Entrevista para The Paris Review: recogida en el libro: El oficio de escritor, editorial Era, página 181; puede verse en: http://www.theparisreview.org/media/4954_FAULKNER4.pdf). Pero, como siempre, divago: he revisado los anaqueles de mi biblioteca para celebrar los cuarenta años de una editorial admirable: Anagrama, apuntando algunas espléndidas miniaturas de su catálogo: La leyenda del Santo Bebedor, por Joseph Roth (94 páginas); Compañía, de Samuel Beckett (80 páginas); Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi (96 páginas); Azotando a la doncella, por Robert Coover (92 páginas); La escopeta de caza, por Yasushi Inoué (102 páginas), y Una pena en observación, de C. S. Lewis (104 páginas). Leerlos me hizo sentir bien, según la irónica fórmula de Monterroso sí, pero más precisamente conforme a la explicación de Faulkner en aquella entrevista (página 174): "La norma que tengo que cumplir es la mía, y ésa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La Tentation de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hacen sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien."

José F. Calle
Libélula libros

4 comentarios:

Rafael dijo...

A propósito de la sombra de las hojas de Dr. Calle, quisiera transcribir un texto de Italo Calvino, extraído de Si una noche de invierno un viajero:
“Abres el libro por la primera página, no, por la última, antes de nada quieres ver cómo es de largo. No es demasiado largo por fortuna. Las novelas largas escritas hoy acaso sean un contrasentido: la dimensión del tiempo se ha hecho pedazos, no podemos vivir o pensar sino retazos de tiempo que se alejan cada cual a lo largo de su trayectoria y al punto desaparecen.”

Jose F dijo...

Exacto, Rafael: soy calvinista, línea Italo, y Si una noche de invierno... es mi Biblia.
Y ahora encuentro en una de mis libretas, sin más señas, la siguiente frase de Saul Bellow sobre Norman Mailer: "Lo que es un escándalo es la longitud de sus libros. Echarle tanto papel a la gente y esperar que te lean."

Martín Franco dijo...

¡Ay, tan bacano que es ese libro de Calvino! Yo ahora lo estoy releyendo por cuenta de este comentario. Ya ven: lo que hace una simple opinión...

Jose F dijo...

He perdido la cuenta, Martín, de cuántas veces he dicho o apuntado algo sobre "Si una noche de invierno un viajero", desde hace veinticinco años; aquí la última: http://libelulalibros.blogspot.com/2008/07/la-sombra-de-las-hojas_28.html
"Más ratico" (como dicen en Popayán), cuando tenga a mano el libro (debería ponerlo con L: mayúscula) apuntaré aquí algo más.