domingo, 22 de febrero de 2009

Siete hombres. Max Beerbohm. Traduc. Miguel Martínez Lage. Alfaguara. 2007.

La maestría de Borges, su formidable estilo, la atrayente y caprichosa personalidad, y su desbordada imaginación, nos hacen suponer a menudo que es un escritor sin antecedentes. Sabemos, por él mismo, a quienes consideraba sus maestros, a que escritores veneraba a veces hasta el colmo. Algunos, no visibles en cambio e incluso reprochados*, nos dejan entrever sin embargo algunos visos de posible influencia. Max Beerbohm es uno de ellos, y los relatos de Siete hombres publicados en 1919 son antecedente claro de obsesiones borgianas: el juego entre tiempos, el trato posible pero desigual entre hombres y divinidades, las diversas dimensiones que habitan el universo y la posibilidad de extraviarnos en ellas, o la relación entre fantasía y realidad casi siempre perversa por incestuosa.
De estos cinco cuentos, sobre seis hombres, el séptimo sea tal vez el propio Beerbohm que hace presencia en los relatos, Enoch Soames es no solo el más conocido gracias a que Bioy y Borges lo tradujeron e incluyeron en su
Antología de la literatura fantástica, sino también el más cautivante, la historia de un escritor que tiene tiempo, recursos, actitud, y afán de gloria, pero carece por completo de talento es conmovedora, no obstante la gracia estriba en el juego sutil pero definitivo que Beerbohm planea no sólo para sus personajes, sino tam-bién para el lector, que asombrado frente al relato percibe que también él puede estar siendo objeto de las torvas intenciones del diablo al que Soames ha vendido inútilmente su alma.
Sir Henry Maximilian Beerbohm nació en Londres en 1872, fue no solo el autor de múltiples cuentos y una novela, sino también crítico y caricaturista. John Updike recuerda que el autor antes que emular o adular a los escritores de su época: Shaw, Well, Chesterton o Belloc, los caricaturizó brutal y divertidamente con una serie de imitaciones presentadas en
A Christmas Garland. Dijo que su afán era "aprender que me convenía evitar". Tampoco se tomaba en serio su papel de escritor, y fue un dandy que caso con una actriz norteameri-cana al lado de la cual envejeció en un pueblo de la Riviera italiana. Agrada por eso aún más. Elegante e indiferente, seguiría sonriendo al ver a los Soames que persisten aunque no tengan agallas para comerciar con el demonio.
Roberto Bolaño escribió: "Max Beerbohm es, posiblemente, el paradigma del escritor menor y del hombre feliz. Es decir: Max Beerbohm fue un hombre educado y bueno… si tuviera que elegir los quince mejores cuentos que he leído en toda mi vida, "Enoch Soames" estaría entre ellos, y no en último lugar". Este conjunto de elogios basta. (pfa)

*"BORGES (a mí) "La importancia de Beerbohm se exagera. ¿Qué hizo? Un cuento bueno, "Enoch Soames", que Kipling pudo haber hecho mejor…". "BIOY: ―No creo". BORGES: "…Zuleika Dobson, una novela con alguna página bien escrita y muchas bromas malas…" Borges. Adolfo Bioy Casares. Destino. 2006.

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