domingo, 22 de marzo de 2009

Diarios 1984-1986. Sándor Márai. Salamandra. 2008.

"Cansancio, languidez, fragilidad. Como cuando las pilas se agotan y la linterna sólo parpadea", escribió en su diario Sándor Márai el 20 de enero de 1984, pocos días después perdió la visión por un ojo, mientras que el otro comenzaba a cansarse y a ver borroso: "Lo único que lamento es que cuando se acabe, se habrán acabado también las lecturas; no echaré de menos nada más" , escribió entonces. Luego presencia y padece el deterioro creciente de L., su compañera por más de sesenta y dos años, a quien apenas puede observar en su cama mientras descansa y muere lentamente: "sigue siendo tan guapa a los ochenta y siete años como lo fue de joven; de otro modo, pero sigue siendo guapa. No sé hasta cuándo me aguantará el cuerpo, pero quiero estar con ella hasta el último momento, ayudarla y cuidarla". L. murió el 4 de enero de 1986, precedida de Gábor y seguida por Kató y Géza, hermanos de Márai, y de János su hijo adoptivo. En el término de un año el escritor se queda solo, hastiado de la literatura, que percibe ahora como mero "pavoneo, presunción y exhibición", "malabarismos artificiosos, vanidad por todas partes". Sólo le quedan entonces la lectura, la añoranza de L., y el plan que ha trazado tiempo atrás, pero que ha venido meditando y posponiendo a pesar de la furia que lo inunda con "Dios (si existe) porque no asistió a L. y … con Dios (si no existe) porque no existe cuando se necesita su intervención". Plan que finalmente cumple cuando siente que "ha llegado la hora".
Abruman y conmueven estas notas. ¿Si esto no es literatura entonces que lo es? (pfa)

1 comentario:

Martín Franco dijo...

¡Qué gran escritor es Sándor Márai! Había leído, hace tiempo, "El último encuentro", ese bellísimo libro sobre el reencuentro de dos viejos amigos distanciados por un secreto terrible. Me encantó. Justo ahora -vean qué casualidad-, agarré La hermana, y no he logrado soltarlo. Me llama la atención lo que usted, Pablo, escribe ahí que dice Márai sobre la literatura, porque precisamente en este libro aborda el mismo tema pero desde la música. Me gusta mucho Márai; en mi opinión se lee fácil (aunque no lo es, claro) y toca tener el lápiz a la mano porque a cada dos párrafos hay frases que valen la pena subrayar. Y bueno: sabía que se había suicidado, pero no tenía idea de su ceguera y de lo solo que se fue quedando. Voy a buscar sus diarios. Gracias.