viernes, 1 de mayo de 2009

Una idea extrema y ególatra

Informa la revista Ñ que el librero y escritor Hanns Josef Ortheil puso en marcha una idea que por extrema y ególatra, debería estar condenada al fracaso, que probablemente no suceda, dadas como están dispuestas las sociedades a deslumbrarse por la excentricidad vacua o la exacerbación del individuo. Abrió Ortheil en Alemania una librería que solo ofrece los libros que según el librero es indispensable leer, o permiten entender mejor el presente, o pueden hacer del comprador un buen lector o un buen escritor. Se arroga el Señor Ortheil la gracia de saber que necesitamos todos, afirmando además que: no se aceptarán pedidos, aunque el comprador podrá hacer sugerencias que él examinará para "aceptarlas o rechazarlas". Pero no ha olvidado detalles aparentemente insignificantes: en la librería pondrá música también escogida por él, y todos sus dependientes deberán vestir de negro –por ahí se comienza, por vestir a los adeptos con camisas negras-.
Repugnan al menos las declaraciones, que ojala sean meras tergiversaciones, pero vienen a cuento para reiterar nuestra idea de librería: un espacio abierto y dispuesto en el que lectores y libreros construyen una comunidad de lecturas y gozos, en el que nadie puede endilgarse la verdad literaria, o convertirse en guardián del gusto. Un lugar en el que se está dispuesto a conocer y se tiene la humildad de escuchar al otro, que por fortuna tiene mucho que decir. ¿Cuántos libros y autores debo a los clientes que han llegado a buscarlos?, sin duda está pendiente la lista.
Tal vez la crisis que se evidencia, ponga ciertas cosas en su sitio, entre ellas la librería de Ortheil, así como todos aquellos exabruptos sociales que sólo reflejan el extravío del hombre. (pfa)

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