miércoles, 20 de mayo de 2009

Una lectora nada común

El lector común de Virginia Woolf "lee para su propio placer" la lectora nada común de Alan Bennett ríe a carcajadas: "—¿Todo bien abuela?" —le pregunta el duque: "—Claro. Estoy leyendo." (página 17). Dieciséis páginas después vacila: "Creo que leo —le dijo a Norman— porque tenemos el deber de descubrir cómo es la gente.": para ella: "el deber siempre había prevalecido sobre el placer." Sinembargo más adelante, y después de: Anita Brookner, Ian McEwan, A. S. Byatt…: "Nosotros leemos por placer —dijo la reina— no es un deber público." (página 47)
Por eso a la mitad del libro su deber se le había vuelto una lata: fastidiosa intermisión de la
lectura; le queda sí el sentimiento de culpa del vicioso: "… y había veces que deseaba no haber abierto nunca un libro y entrado en otras vidas. La había echado a perder. O al menos la había echado a perder para su oficio." (pàgina 62).
La que ríe y está bien porque lee, y porque lee queda arruinada para su tarea es nada menos que Isabel II de Inglaterra (página 90): según la ha imaginado —para el placer de este lector común— Alan Bennett en la espléndida: Una lectora nada común (Anagrama, abril de 2008, 120 páginas), con seguridad mi libro preferido del año pasado.
"No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos.", hace Bennett apuntar —casi al final: página 101— a su real lectora, cuando el mal se ha propagado: S. M. ya escribe. Para no mudar de lector común a crítico apenas digo que asombra la cantidad de vida que se encuentra en tan pocas páginas.
JFC

(Nota del administrador: Un colaborador, alguna vez juicioso, del Boletín Bibliográfico Libélula Libros, comparte algunas otras facetas de S. M. : Click aquí

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