domingo, 5 de julio de 2009

A la sombra de las hojas

Uno. Según he apuntado en otra parte, William Agudelo compuso un texto —al modo de un poema— que nombró: Fe de erratas, a saber:

“En el “Walden” de la Colecc. Austral / que me prestó Coronel Urtecho –Traducc. / directa del inglés y notación / por Justo Gárate Member of the / Thoreau Society– (Pág. 242) dice / Thoreau de una lechuza: “…sintiendo / su ruta crepuscular como si lo hiciera / con sus sensibles alas / encontró un nuevo gajo / donde podría esperar en paz / a la aurora de su día (3)”. // (3) Es decir, la llegada de la noche. Trad. / (y debajo estas airadas líneas a lápiz:) / La tarde en todo caso ¡Necio! / ¿Por qué tienes qué decirlo?

Dos. En el Epistolario de don Antonio Machado (Editorial Octaedro, 2009), en el apartado 57 [A Juan Ramón Jiménez], a página 188 obra:

“Querido Juan Ramón: / “Te presento al escultor Emiliano Barral que proyecta un monumento a Rubén Darío… / “Un abrazo de / “Antonio Machado”.

Una oportuna llamada a pie de página le permite al anotador: Jordi Doménech esta indispensable aclaración: “1… Se trata, evidentemente, de una carta formal de presentación, en este caso del escultor Emiliano Barral a Juan Ramón Jiménez.”

Tres. La contra de semejantes necedades está en las notas de don Francisco Rodríguez Marín al Quijote; baste de muestra la que copio enseguida, para explicar de cuál pueblo trata Cervantes como de la Reloja —sexto tomo, nota al renglón 10 de la página 185:

““Pues sépase… que le pusieron el dicho mote porque, habiendo pedido el cura un reloj para la torre de la iglesia, el cabildo del lugar tuvo por bien que se encargara a Sevilla; pero no reloj, sino “reloja y preñaíta”, para vender luego los relojillos que pariese, y proporcionar esa entrada al arca del concejo.” Esto escribí antaño, y ahora añadiré que el tal pueblecito fue Espartinas (Sevilla), y que no debió de cuajar el propósito de comprar la reloja (quizá porque no se hallaran fabricantes sino de relojes machos), pues consta, y ésta es otra vaya que dan en la comarca a los del mismo pueblo, que al cabo hicieron en la torre un reloj de sol; pero como el alcalde, por resguardarlo del temporal, mandase que lo cubrieran con un tejadillo o guardapolvo, no señalaba la hora.”

José F. Calle

Libélula libros

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