martes, 8 de septiembre de 2009

El libro negro. Orhan Pamuk. Traductor Rafael Carpintero. Alfaguara.

Una gota de aceite en el Bósforo. El vaivén de las olas que avivan los barcos ayuda a que emita un extraño reflejo; la historia de Estambul brota del agua y los túneles olvidados se llenan de voces, los maniquíes cobran vida y los pasos de un sultán que se mezclan con su pueblo siguen a los de algún dictador disfrazado de campesino; libros, historias de acá y de allá, de oriente y de occidente, fragmentos de novelas negras mal traducidas se confunden con la fina caligrafía de alguna página de Las mil y una noches o con las palabras de Fazlallah. Un ruido estridente: la historia que chilla bajo los neumáticos del Cadillac blanco en el que Mahoma da sus paseos por Estambul, acelerando a fondo y frenando en seco en cada esquina.
El Libro Negro trata sobre la identidad y el espejo. Siempre el espejo. Unas veces mudo y otras veces con una voz tan fuerte que distorsiona el lenguaje que transmiten los ojos al cerebro y nos permite caminar sin tropezar.
Tiene el libro varias formas de leerse. Las instrucciones están en el capítulo final. Quien pone estas letras sin mirar sus consecuencias propone algunas. (I) Para distraídos. Hay capítulos que pueden leerse como curiosidades o finas joyas (recomendados: capítulo 2, 8, 14; segunda parte: 4, 6, 8, 16). Cada uno es un artículo escrito por Cêlal, reportero del diario Milliyet. En estas historias los personajes se disuelven en la atmósfera.
(II) Para conservadores. Galip y Rüya (su mujer), juegan en una espiral de fantasmas mientras arde la ciudad sin arrojar una sola chispa. (Recomendados: 11, 13, 15, 17, de la segunda parte: 3, 13, 15, 17). Las huellas que dejan las llamas son simplemente historias, cuentos y voces que se acumulan en forma de hollín en la memoria.
Un laberinto que se escribe con pasos, que como papel se va llenando de letras imprecisas, de retratos que hablan, fotografías que se transforman en una historia, en un capítulo de un libro, en una novela policíaca. Eso es El Libro Negro.
Leer todo, mezclar todo, releer. La literatura no se encuentra en las páginas sino en los momentos en que el veneno que bebimos con la mirada surte su efecto. Un libro con un buen final. El Libro Negro es una apuesta por la literatura, la manía de contar historias.

Felipe Calderón V.—Libélula libros

No hay comentarios: