lunes, 26 de octubre de 2009

Pregúntale al polvo. John Fante. Traduc. Antonio Prometeo M. Anagrama.

Cuando vi que el prólogo de la novela estaba escrito por Charles Bukowski, mi primer impulso fue dejarla de lado. No es que el viejo borracho me moleste, ni mucho menos, pero por ahora y durante mucho tiempo prefiero dejar de lado esas historias de “todo me importa un carajo” llenas de sexo, licor, drogas y nada más. Todo tiene su época, supongo.

Así que cuando un amigo mexicano me regaló el libro como despedida, lo metí en la maleta y allí lo tuve, escondido entre sacos y chaquetas de invierno, hasta que lo saqué porque no tenía plata para comprar otra cosa. Sin mucho de dónde agarrar, empecé con la historia de Arturo Bandini, saltándome –eso sí– el prólogo de Chinaski.
Lo admito: pensé que me iba a encontrar con lo de siempre y terminé llevándome una sorpresa. Leyéndolo uno entiende por qué a Bukowski le gustó tanto, pero por fortuna no son iguales. Bandini es un aspirante a escritor que vive en el Los Ángeles de los años treinta y se siente gran cosa porque publicó un relato titulado “El perrito que reía” en una revista de poca monta. Como visita de manera regular una cafetería en el centro de la ciudad, conoce a una mesera mexicana de la que al final se enamora. O eso es lo que uno supone, porque con Bandini nunca se sabe. Dice que la ama, sí, pero su forma de demostrárselo es el desprecio; y ella, que parece encantada, le paga con sumisión. El libro se va yendo en una traumática relación de amor-odio y en los intentos del lector por descifrar a Bandini, que siempre hace una cosa distinta a la que piensa.

Quizás por eso el título, vaya uno a saber. A decir verdad la novela no está mal; en últimas, no es el clásico tipo duro y cabrón de Bukoswki sino alguien lleno de contradicciones. Alguien como cualquier otro, después de todo.
Martín Franco Vélez - Libélula Libros

7 comentarios:

Jose F dijo...

"Escuche, escuche: ¿sabe usted lo que hice una noche? Arturo que lo confiesa todo: ¿sabe usted la acción terrible que cometí? Cierta noche, una mujer demasiado hermosa para vivir en este mundo se me acercó en alas del perfume, y yo no pude soportarlo, y quién era jamás lo supe, una mujer con una piel de zorro y un sombrerito muy mono, y Bandini que se lanza tras ella, porque era mejor que las fantasías, y la ve entrar en el Acuario Subterráneo de Bernstein, y como en trance, por una ventana, la ve por entre las ranas y las truchas, y la ve comer sola; y cuando hubo acabado, ¿sabe usted lo que hice, señora? No llore, no llore, que aún no ha oído nada, porque yo soy la horrible, señora, y tengo el corazón lleno de tinta negra; yo, Arturo Bandini, entré en el Acuario Subterráneo de Bernstein y me senté en la misma silla en que se había sentado ella, y me estremecí de placer, y manoseé la misma servilleta que ella había utilizado, y vi una colilla manchada con lápiz de labios, ¿y sabe usted lo que hice, señora? Usted y sus divertidos problemitas, pues me comí la colilla, la mastiqué, tabaco, papel y todo, y me la tragué, y me supo a miel pura de abejas, porque era hermosísima, y había una cuchara junto al plato y me la guardé en el bolsillo, y de vez en cuando sacaba del bolsillo la cuchara y la probaba, porque era hermosísima. Amor al detalle, una heroína gratis y de balde, totalmente a merced del negro corazón de Arturo Bandini, que la recordaría a través de una pecera con truchas y ancas de rana." (página 109)

Una novela que contiene semejante pasaje, ¿apenas: "... no está mal..."? Díme, pues, severo Franco, qué obra merece tu aprobación. No resistiré, seguro, tanta grandeza.

Martín Franco dijo...

Respondiendo a esta amable pregunta, doctor Calle, dejo una lista que espero satisfaga su exquisito paladar (peronará usted, eso sí, que no las publique Anagrama):

-El demonio y la señorita Prymm, de Paulo Coelho.
-Lo que le sobra al tiempo, de Ángela Becerra.
-El cliente, de John Grisham.

Cordialmente suyo,

Un aprendiz.

Carlos Augusto Jaramillo dijo...

Martín, por Dios (como diría Pablo R.) ¿Cierto que es un chiste? ¿Coelho? ¿Becerra? ¿Grisham? Hasta Vargas Llosa, pero ¿esos? ¿De qué demonios hablas?

Jose F dijo...

Curioso, agudo Franco: por excepción, no leí Pregúntale al polvo en la edición de Panorama de narrativas de la admirable Anagrama. La hube por acaso (todo sucede por acaso, agrego: para aumentar la redundancia) en una muy bella edición de Empúries & Paidós (colección Narrativas de hoy, Barcelona 1989).

No tengo que decirlo, pero lo digo: prefiero a Herralde, que al Marqués del Pedroso:

pedroso, sa. (Del lat. petrōsus).
1. adj. p. us. Dicho de un terreno: Con muchas piedras.

Planeta, como dice el mono filósofo por interpuesta persona: "Me saca la piedra"

Martín Franco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Martín Franco dijo...

Pero... ¿sigo siendo agudo después de la lista? ¡Bah! Demasiado "light"...

Jose F dijo...

Quiero creer, amigo Franco, que la agudeza persiste, auncuando la lista sea obtusa.
Como porfío en mi fe en la inteligencia de Carlos A. a pesar de sus preguntas.