domingo, 14 de febrero de 2010

Delicias y sombras. Ted kooser. Traduc Hilario Barrero. Pre-textos. 2009.

Ted Kooser tiene la convicción de que la vida es incontrolable: "…ni aún en un mundo tan abreviado hecho sólo de pequeños acontecimientos podría una persona controlar esta vida"; las pretensiones del hombre que sale temprano en la mañana convencido de su papel y su importancia son ajenas al poeta laureado de Iowa, los grandes acontecimientos, incluso el conocimiento minucioso, práctico y productivo de los asuntos le parece presuntuoso, queda entonces el goce minucioso y delicado de lo que nos rodea y el permanente asombro frente a lo aparentemente pequeño o insignificante: las cosas de la casa que nos hacen amable nuestra estadía o las personas sencillas que muy a su pesar resumen el universo entero. Por eso la acción más importante del hombre de negocios se lleva a cabo tal vez apenas comienza el día: "sus manos revolotean como pájaros,/ cada una con una cinta de seda/ para construir su nido,/ mientras él, de pie frente al espejo,/ vistiéndose para ir al trabajo, se saludaba/ a sí mismo con ambas manos". Y saldrá con un nido en el cuello.
Algunos versos de Kooser subvierten con fortuna las formas y combinan sensaciones: "…este café vietnamita, con su luz aceitosa,/ sus olores en forma de flor…", o "cuan pesada es su belleza", mientras que otros poemas tienen una fuerza narrativa que les permite asemejarse, sin vergüenza, a pequeños cuentos, directos, sencillos y muy personales. Algunos críticos lo han comparado con Chejov.
No es vano el título de este poemario, delicias y sombras son palabras que definen bien lo que quiere Kosser: aquellas delicias que nos provocan un placer intenso del animo (dice el RAE) y las sombras, nuestras y de todo, aquellas del amanecer o del atardecer cuando la contundencia de los objetos y de nuestras sensaciones está rota por sus propias oscuras prolongaciones.
Es el asombro sin embargo lo que mejor precisa o circunscribe los poemas de Kooser, el que provoca una vajilla azul, o el cielo estrellado convertido en "la tensa pared de las tinieblas" o en "la suave lluvia del pasado distante", y el que generan los extraños e inexplicables prodigios de la naturaleza como aquel de "la pequeña mariposa nocturna que vive de lágrimas".
Poemas para la espera, cualquiera que ella sea: el paso del tiempo, la hora definitiva, la resolución o respuesta de alguna persona; una espera en la que "no hay inquietud ni impaciencia / ni rabia a la vista". Ojala todos tuviéramos la fortaleza para esperar como algunos esperan en la sala de oncología, o como los viejos de estos poemas que ya han comprendido la inutilidad de buscar algo nuevo. (pfa)

1 comentario:

Arcipreste de Bruklin dijo...

Muchas gracias. Poder de síntesis y análisis.
H Barrero