jueves, 8 de abril de 2010

Olas. Eduard Von Keyserling. Traduc. Eugenio Bou. Minúscula.

Casi todas los comentaristas y reseñistas que se han ocupado de esta novela, resaltan el enfrentamiento entre dos tipos de personas, uno representado por la Generala Von Palikov y su familia, y otro por la Condesa Kôhne y su romántico amante y pintor Hans Grill. Tienen razón en parte, efectivamente se trata de dos polos: la vida opaca y contenida, contrasta con la ruptura social que ha significado el amor surgido entre una aristócrata y el humilde pintor contratado por su esposo para que le hiciera un retrato. En los primeros todo es contención y ociosidad, en los segundos aparente pasión. La Condesa cautiva además a los hombres y mujeres del círculo de la Generala no solo gracias a su belleza sino también al misterio que destila debido a su pasado y resolución. Pero Eduard Von Keyserling quiso ir más allá de esta mera descripción, haber resaltado las evidentes divergencias habría sido relativamente fácil y poco, quiso en cambio mostrar las dificultades que enfrentan la Condesa y el pintor para mantener su relación, amenazada no por el entorno o por quienes se sienten perturbados, sino por ellos mismos, por la imposibilidad de mantenerse unidos y serenos. La pasión no es suficiente, el encanto físico termina por cansar, apenas callados se soportan, y una vez hablan todo se vuelve casi imposible.
Se equivoca quien suponga que esta novela advierte una crítica a la conservadora nobleza báltica de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Es todo lo contrario, es la advertencia precisamente del riesgo que entraña la pasión, y de la dificultad de comunicación entre clases. Y ahí reside su encanto: en la sutileza, pero a la vez resolución, con que Von Keyserling defiende su entorno y sus prejuicios. (pfa)

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