lunes, 10 de mayo de 2010

El rey de las Dos Sicilias. Andrzej Kusniewicz. Traduc. Bozena Zaboklicka. Anagrama -Otra vuelta de tuerca-. 2009.

¿Qué es lo que recordamos o por qué?, ¿qué hace que sin motivación alguna ciertos asuntos vuelvan a nuestra mente, algunos con mayor nitidez otros en cambio velados? ¿Por qué algún tiempo después lo que ahora es claro se torna oscuro y nebuloso mientras que lo olvidado diáfano?, ¿Dónde se ubican la memoria o los recuerdos? Felisberto Hernandez, el escritor uruguayo, propuso un lugar que llevamos dentro: "la tierra de la memoria" la llamó, y como en todo territorio, predomina el polvo que se posa y se levanta a su antojo.
Kocourek, un personaje en El rey de las Dos Sicilias dice mientras camina junto a Emil: "estoy pensando si mañana, pasado o dentro de unos días, cuando quizás la guerra nos haya borrado todas las otras impresiones, este momento preciso en que caminamos así los tres, sin razón, sin fin, pensando vagamente sobre lo que pasó aquí ayer, sobre el supuesto crimen, si este instante no será el que quede más profundamente grabado en nuestra memoria... ¿Por qué? No sé. Pero esto pasa con esta estúpida cosa que es la memoria humana".
La historia, esa disciplina que narra con rigor los hechos que son aparentemente trascendentes, se equivoca. O mejor, es algo irreal y absurdo que por conveniencia y cierta necesidad de orden aceptamos y aguantamos. La historia escoge lo supuestamente importante, los asuntos, las cosas, los momentos que requiere su afán organizador. La literatura no, ella reconoce la precariedad de contar o narrar el pasado, reconoce la trascendencia de lo pequeño , breve e insignificante: "...todo cuenta, todo es en un momento dado excesivamente importante para alguien, así que no se puede omitir ni menospreciar nada", dice el narrador (¿qué novelista no ha pensado igual?).
El asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo definió el destino de pueblos y naciones, a pesar del suceso, la vida de los ciudadanos seguía inatajable su marcha, tal como lo hicieron los sentimientos de Emil, el joven miembro del destacamento cuyo nombre sirve al título de la novela. Turbado y perdido gracias al amor y a la particular e insoslayable influencia que Elisabeth su hermana ejercía sobre él. Sentimientos aquellos que condenan a Emil convirtiéndolo en el insensible asesino de una joven y hermosa gitana, tan salvaje e inculta como aquel refinado y delicado.
Señalar la maestría de Kusniewicz para advertir el barroquismo de una época extraviada a medio camino entre un siglo y otro, es advertir de manera parca las virtudes de una novela magistral, debe además señalarse el formidable juego que el narrador plantea al lector a quien invita a entrar y salir de la historia; nada más comenzando señala que por preciso que sea el narrador, esta y toda historia, podría comenzar por muchas puntas, una por supuesto la más formal, otra u otras que interesan más, nacen en lo particular, en lo aparentemente intrascendente.
Esta novela es genial y merece, como se lo han otorgado, lugar privilegiado en la literatura del siglo XX. Su autor, un escritor polaco tardío nacido en Galitzia, es ahora con razón canónico, su reimpresión es más que merecida y enaltece la curiosa y heterodoxa nueva colección Otra vuelta de tuerca de Anagrama. (pfa)

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