viernes, 30 de julio de 2010

"Montauk". Max Frisch. Laetoli. Traductor Fernando Aramburu.


"...el escritor recela de los sentimientos que no se prestan a ser publicados. Él espera entonces su ironía. Supedita sus percepciones a la cuestión de si son dignas de ser escritas y vive de mal grado lo que no puede en absoluto poner en palabras. Esta enfermedad profesional del escritor convierte a algunos en bebedores", escribe Max Frisch en Montauk, novela corta en la que se confunden tiempos, personas, realidad y ficción. La vida es así, al menos la de un escritor o la de un apasionado por la literatura, nadie puede esperar cosa distinta, mucho menos quienes lo rodean. "…La literatura conserva el momento, para eso existe…" El escritor teme al olvido, lo que no pueda volver literatura, o no existe o no vale la pena que exista. Sin ella o la posibilidad de estar dentro de ella el universo se desordena, no es que caiga en un caos que al fin y al cabo es su estado natural, sino que es imposible habitarlo. Montauk es el relato del amor de un escritor viejo y una joven que intenta primero entrevistarlo y luego cautivarlo. A él no le extraña. Le agrada esta curiosa situación. La vive en cámara lenta como si fuera copiándolo todo, grabándolo, volviéndolo literatura, o mejor, comprobándolo literatura.

"Amagannsett se llama, pues, la pequeña localidad donde ayer decidió relatar este fin de semana: de manera autobiográfica, sí autobiográfica. Sin inventar personajes; sin inventar acontecimientos que fueran más ejemplares que su realidad; sin desviarse con invenciones. Sin justificar su escritura en virtud del compromiso frente a la sociedad; sin mensaje. No tiene ninguno y, sin embargo, vive. Él solo quiere contar (con todo respeto hacia las personas que cita por su nombre): su vida". Primera y tercera persona se confunden, como es natural.

"…No vivo con mi propia historia, sólo con las partes que pude transformar en literatura…", concluye. Genial. Y recuerda o inventa, qué importa: "un nobel francés solicita papel y pluma por el trayecto hacia la guillotina a fin de anotar algo, y le son proporcionados. La nota podría, claro está, ser destruida en caso de que estuviera dirigida a alguien. No es así. La nota es pura y simplemente para él mismo: pro memoria".
La obra de Frisch parece ser tan diversa y profusa como su vida, no obstante en español han sido pocas las obras que se han publicado y lo han hecho con curiosas intermitencias. Dürrenmatt, su compañero generacional e incluso gremial, ha tenido probablemente mayor divulgación, por eso es necesario agradecer a la editorial Laetoli la publicación de este libro, y el encargo expreso formulado a Fernando Aramburu de su traducción. (pfa)

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