martes, 14 de septiembre de 2010

A la sombra de las hojas

Silas Flannery, escritor inventado por Italo Calvino, anota en su diario: "De los lectores espero que lean en mis libros algo que yo no sabía pero puedo esperármelo solo de los que esperan leer algo que ellos no sabían." (Si una noche de invierno un viajero*, página 181 de la edición de Bruguera de 1983)
Esto encontré, pues no iba en su busca. ¿Cómo consigo ahora, después de casi veinticinco años, recobrar esa precisa cláusula? No, en todo caso, porque la hubiera subrayado: de antiguo, y seguro por pudor, me resisto a las subrayas. Al abrir un libro subrayado se sorprende el alma de su dueño en paños menores.
Oí estos días a un badulaque confesar que no leyó sino los subrayados de un libro que le habían prestado, pues eran lo substancial de la obra. Como en el chiste de Woody Allen del estudiante de metafísica al que anulan su examen porque estaba mirando el alma del estudiante de enseguida.
Al modo borgesiano ha dicho Sergio Pitol: "Uno, me aventuro, es los libros que ha leído." Y Jünger ha comparado la lectura continuada con la edificación: "Si cada día se añaden unos ladrillos, al cabo de setenta u ochenta años se podrá vivir en un palacio." A lo que replica Botho Strauss**: "¿Será cierto? El anciano sabio ¿no se encuentra al final también ante una casa abierta, carbonizada, cuya puerta cuelga incierta de los goznes?"
Sea lo que fuere, tenga la razón Jünger o Strauss, haya al final un palacio o una casa en ruinas, uno no podría declarar, como aquí la vez pasada Uriel Hincapié, que renuncia a los libros. Así fuera para dejar enseguida en evidencia la boutade: se apostata de los libros para consagrarse a uno, ciertamente espléndido: El loro de Flaubert***.
Flaubert mismo, según Nabokov, escribió a Louise Colet: "Qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros." Y así al final tendríamos una cabaña, de 3 x 3,5 metros, como la de Thoureau, cuyo Walden debería ser uno de esos cinco o seis libros. Y Si una noche... otro.

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* Hay edición reciente: Ediciones Siruela 2002. $49.000.
** Parejas, transeúntes, Ediciones Alfaguara 1986, página 109 (al parecer descatalogado).
*** Julian Barnes, Editorial Anagrama, Panorama de narrativas 1986. Hay edición reciente en la colección Compactos 2005. $25.000.

José Fernando Calle
Libélula Libros

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