viernes, 29 de julio de 2011

La librería: diez años

Yo no sé si Pablo Felipe y Carolina alcanzaron a pensar que su librería cumpliría diez años. Si cuando firmaban contratos y pagarés pensaban en la década siguiente. Seguramente no: el trabajo no es un asunto de expectativas, es levantarse, durante diez años, a la misma hora. Conocemos en algo la historia: la escandalosa factura del teléfono que llegó mientras hablaban con las editoriales, que, a regañadientes, iban mandando libros; el cuaderno donde, a falta de un computador, anotaban los libros para luego cuadrar las cuentas; los estantes casi vacíos cuando decidieron, un 30 de julio, abrir Libélula. Las historias quizá algún día alguien con más juicio las contará detenidamente, yo me contento hoy con la idea de que la librería existe porque siempre hay alguien que quiere un libro. Para la muestra: el que busqué durante años llegó esta semana: El malogrado de Thomas Bernhard.

No todas las historias tienen un final feliz, no son pocos los clientes que jamás encuentran ese libro que alguna vez leyeron, tuvieron, o quisieran tener, porque alguien, hace muchos años, un amigo, les recomendó. De una librería siempre se espera una buena noticia, y pocos saben que poder darla es casi un milagro. Y no es hagiografía; es un asunto de simple estadística.

Yo no pienso en otros diez años; Pablo Felipe tampoco, creo. Más le vale. Sí pienso en levantarme a tiempo y en no llegar tarde, en organizar los libros y que la vitrina quede bien, en repetir eso todos lo días. Aprender a repetirse. Al día siguiente se pueden cumplir diez años.

Tomás David Rubio C. Libélula Libros

4 comentarios:

Jose F dijo...

Para comentar debidamente este entrañable texto de Tomás tal vez convenga algún escrutinio de la memoria:
Hace dos años apunté en el Facebook de la librería:
"... recuerdo la llamada de Pablo que me notificaba de su apertura, invitándome a la empresa; “no tengo plata”, le dije; “yo no he hablado de plata”, contestó. Y así entendí que debía poner el alma ahí: creo no haber hecho otra cosa."
Cuando se abrió Libélula yo había asumido una grave responsabilidad en la Universidad de Caldas, que no me dejaba tiempo ni para la vida. Un día Pablo Felipe me fue a buscar a mi oficina y me sacó hasta su carro; ahí en el asiento de atrás tenía unas cajas de libros que acababa de importar: me hice, entre otros, a una espléndida antología de e. e. cummings. Sólo en estos días, según supe, pudo volver a conseguirla para él.
Y como Tomás celebra haber habido El malogrado: "que busqué" (dice) "durante años", recuerdo aquí la coletilla de una de mis: A la sombra..., de noviembre de 2006:
"Los fui consiguiendo [los libros de Isak Dinesen] uno tras otro, con la devoción que hizo que colgara un retrato de la baronesa en mi biblioteca, todos sus libros menos uno: su primer libro, Siete cuentos góticos, que después de treinta y cinco años al fin puedo acariciar porque Carolina ha obrado el milagro de conseguírmelo."

Juanito Efectivo dijo...

Felicitaciones. Me gusta mucho su librería.

L.Kancev dijo...

¡Realmente placentero leerlos!

Libélula libros dijo...

Libia, el gusto es nuestro, bienvenida a Libélula, a Tres dependientes. Y al señor Aranda: ya está invitado, ya comprometido.