lunes, 9 de diciembre de 2013

Cielo parcialmente nublado. Octavio Escobar Giraldo. Intermedio Editores.


Octavio Escobar Giraldo es uno de esos novelistas que me sorprende constantemente. Ahora, en lo que a mi sorpresa respecta, le ha tocado el turno a su última novela, Cielo parcialmente nublado, novela de carácter histórico que propone colateralmente una semblanza emocional de Manizales. Su protagonista, exiliado en España desde hace trece años, debe llevar a cabo un inevitable regreso a su pasado, reclamado por la salud mental de su padre, víctima de la tensión sufrida por la ciudadanía rasa durante los diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC en 1999. Pero aunque sea un asunto de amor el que lo llevara a España y un asunto de (otro tipo de) amor el que lo devuelve a Colombia, lo cierto es que se percibe un miedo latente en la relación del protagonista con su país natal. Algo que, por otro lado, no es privativo de él, pues en mayor o menor medida el temor a la violencia y la injusticia mantiene en estado de alerta a la conciencia colectiva de la galería de secundarios que aparecen en la novela.


En ese clima enrarecido se desarrolla una trama de recorrido lineal, estructura sencilla y lenguaje diáfano. Porque más que de la historia, Cielo parcialmente nublado es expresión de la intrahistoria. Así, los personajes nada tienen de complejo ni de extraordinario; quiero decir: se trata de gente llana que vive llevada por la cotidianeidad. Ni grandes acontecimientos ni grandes caracteres, ni héroes ni antihéroes. Aquí se plantea, por decirlo de algún modo, una ética y estética democráticas. Así lo demuestra que gran parte de las argumentaciones se sustenta en diálogos, y que éstos fluyan como en una escena cinematográfica, o que simulen la espontaneidad de una conversación en directo. Con estos recursos, el autor consigue que la lectura resulte ágil, habilidosa, fácil y muy grata.

Paralelamente, según he apuntado, la trama encuentra la manera de maridar el carácter histórico con el sentimental. El protagonista se enfrenta a fantasmas de su pasado que, ahora sí, dan relieve y complejidad a su carácter. Así, el reencuentro con amigos, ex novias y familiares remueve posos emocionales que le despiertan, para bien o para mal, conflictos. Y quizá el mayor de todos lo sufra al enfrentarse a su ciudad, Manizales, con la que mantiene un auténtico duelo interior: de la admiración al odio, pasando por el sometimiento para llegar al amor. Un vínculo extraordinario que lo preña todo de sentidos, o mejor: de puntos de fuga. Ése es el corazón de esta novela, cuya lectura recomiendo encarecidamente.

Libélula Libros

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