martes, 31 de diciembre de 2013

Pinocchio. Winshluss (autor; couleurs : Cizo). Requins Marteaux.

La realidad. El sábado 21 de septiembre se realizó el Festival des écrivains du Monde, en París. A las 3:30 p.m. se discutió en una mesa redonda sobre la novela gráfica. Sin conclusiones, un intercambio de palabras que me veo obligado a llamar conversación. Se terminó, sin resolver nada. ¿Qué es la novela gráfica? Algo snob, se atrevió a decir alguno de los presentes. Esbozar pregunta o respuesta alguna resulta fútil; sin embargo, ¿para qué sirve preguntarse esto? Medir las cosas en términos de utilidad puede carecer de utilidad, no es ni analgésico ni vitamínico. ¿Por qué preguntarlo? Porque sí, para dar una mirada a este tema y para reseñar Pinocchio, un cómic francés. 

La realidad construida. Le roman graphique, libro de David A. Beronä, aborda audazmente la cuestión. Confía en los orígenes y da mucho crédito a Frans Masereel. Pero dándole un sesgo ideológico. No obstante, algunos elementos estéticos quedan puestos sobre la mesa, sin regar el café. La novela gráfica no parece emparentada con el cómic pues no portó palabras durante muchos autores. Aparece el cómic y después gana su puesto en la cultura; luego, descendientes de judíos y eslovacos en grandes obras pictóricas, lo proyectan sobre el arte. La novela gráfica narra con imágenes y parece relegar las palabras. La novela gráfica no es traducir –o negociar– a imágenes una obra; es decir, es original y construye su universo sin las migajas de aquello que no cabe en las palabras.

Novela gráfica. El gran público parece tener muy presente a Frank Miller. Permanecen tímidas las referencias, los guiños a Masereel. ¿Qué hay ahí en el medio? ¿Cuál es el fenómeno que subyace? No sé, ni me importa: yo hago novela gráfica. Esto pone de manifiesto un fenómeno: la atrevida ignorancia del artista y el diseñador. Pero esto no es otra cosa que el reflejo del motociclista que salta una rampa entre gritos y flashes; acelera, toma impulso, arranca, acelera, salta y se suspende y cae, después dice gracias sin decir gracias, con la mano, el puño crispado por la adrenalina y la muerte dándole palmaditas en el hombro mientras ésta ríe admirada. ¿Para qué problematizar lo que se contenta con ser? Ser bello y existir. ¿Por qué hablar de novela gráfica? Nadie sabe qué es, pero se hace, se vende y se compra.

Pinocchio. Me gusta pensar que todos sabemos quién es este personaje. Creo que Vincent Paronnaud –alias Winshluss– también. Él hace una reinterpretación de este personaje en su obra. Los que lo recuerdan con ternura tendrán que contener la risa entremezclada con el bolo alimenticio que amenaza con escapar. Pero aquellos que ignoraban la existencia de la creación de Carlo Lorenzini, tendrán ahora de qué hablar. ¿Leyendo? ¿Viendo? ¿Sintiendo? Sí, sintiendo esta historia puede notarse mucha tensión, suspenso y narración sin que las palabras sean necesarias en los momentos cumbre. Tal vez ahí está el secreto.

Felipe Calderón Valencia
Libélula Libros




No hay comentarios: