lunes, 14 de abril de 2014

El viaje de invierno

Georges Perec, Verdehalago. Trad. Claudia Pacheco.

El libro es una belleza, corresponde al ejemplar 997 de un tiraje de sólo 1000 libros numerados a mano por alguien de Verdehalago, tal vez por Ángel, Iván o Jorge, los vendedores de esta primera edición en español, desde que fue publicado en 1993 en francés, ya muerto Perec.


Para mí es todo un hallazgo, un poco parecido al que tiene Vincent Degraël —el protagonista—, quien ojeando en una biblioteca encuentra un libro de un autor desconocido que lo cautiva. En la vida el encuentro con ciertos escritos es casi fortuito; de todo el mundo de libros que están ahí, en una librería o una biblioteca, esperando por ser leídos, de pronto sientes que uno de ellos es especial, casi que te mira, que te habla. Lo he sostenido siempre. Hablando algún día de esto, un amigo me refirió lo que sostiene Cees Nooteboom en Tumbas de escritores y poetas, al pasar por la tumba de Heimito von Doderer: “(...) a veces, por la noche, oigo al libro [Las escaleras de Strudlhof] gruñir, quejarse o amenazar, y luego dice que la vida es limitada y que ya es hora de que lo lea de una vez, antes de que yo mismo desaparezca”.

Pues bien, algo así es lo que le pasa a Vincent, un estudioso que estando en Francia a punto de comenzar la segunda guerra, halla este libro: El viaje de invierno de Hugo Vernier. Escrito a finales del siglo XIX, el libro lo introduce en un viaje del que no logra salir más. La impresión sobre el libro y el descubrimiento que hace de él y de su escritor se le convierten en una obsesión que lo acompaña hasta su muerte. Nada difícil de entender, una conspiración como la descubierta por Degraël amerita sus esperas, sus búsquedas, sus desvelos y hasta su locura.

Ahora sólo me queda esperar cuál de los libros que tengo en mi mesa de noche me escoge para que lo lea. 

Leonora Castaño M.
Libélula Libros

No hay comentarios: