jueves, 9 de octubre de 2014

Soy un gato

Natsume Sōseki, Impedimenta. Trad. Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.


De Natsume Sōseki, de lo que relega, conserva y significa este apellido y nombre, de sus viajes de estudio, de la familia que sostuvo y de su empleo, en últimas, de su vida vivida, bien nos cuenta Philippe Forest en su magnífico libro Sarinagara (Sajalín Editores). Y posiblemente, de primera mano, de manera casi autobiográfica, también nos podemos enterar de sus experiencias en Las hierbas del camino (publicado por Satori, una editorial dedicada íntegramente a Japón). Sin embargo, de su primera novela, de esa que apareció en 1905, titulada Soy un gato, algo podemos decir aquí.


Ese gato inquieto que no tiene nombre es quien nos narra con un estilo descriptivo y realista (hasta que recordamos que el narrador es un gato...) la vida de quien lo acoge en su casa: Kushami, un profesor de escuela con poco tacto, terco y preocupado por nada más que por sí mismo. Y son la familia, los amigos y los vecinos del indiferente profesor, tanto como él mismo, los blancos de una filosofía satírica que podría resumirse como un tratado “sobre ese animal de extrañas costumbres llamado ser humano”, filosofía expuesta por un gato de caminar sibilino, que sabe apuntar a la más íntima realidad de una excéntrica sociedad, caótica, y, sin la más mínima consideración, captarla tal como si esta estuviera dentro de un onsen.

Así nos sorprende Sōseki, siendo un gato, asumiendo su perspectiva y, sin prescindir de sí mismo, narra la modernización de un Japón naciente y advierte sus consecuencias, captando y despachando a través de los pensamientos de un fantástico gato la inconmensurabilidad de un Japón que se le ha hecho extraño. 

William Ospina Mejía
Libélula Libros

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