lunes, 19 de enero de 2015

Aves de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín. Guía de campo.

Varios, Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín. 


Además de enseñar sobre los pájaros y sobre qué rasgos suele tenerse en cuenta al observarlos y clasificarlos, esta guía hace honor a la riqueza y las posibilidades de la cultura académica. Nos lleva a imaginar la universidad como un hábitat, como un mundo en el que conviven las especies y en el que no solo el currículum sino también el espacio físico invitan a pensar sobre la naturaleza y el aprendizaje.

Aves de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín es una guía para identificar y conocer 94 especies distintas de aves que hacen su hogar en el campus de la universidad antioqueña, o bien, que pasan por allí. Puede usarse como una ayuda para la observación ornitológica, o simplemente como un libro en el que aparecen dibujados y descritos animales espléndidos, de formas y hábitos diversos: una fuente para imaginar historias y un punto de partida para hacerse preguntas sobre la relación entre los hombres y los animales.

Yo lo disfruté sin planear la búsqueda de las especies que describe ni conocer el lugar donde fueron vistas. Leí de una sentada todo el texto, rodeándome de las aves, organizando en la mente el campus como un jardín. Imaginé la fugaz e intensa relación entre aquel turpial de Baltimore que se vio en la Universidad una sola vez y el observador que lo advirtió (¿dudó de qué especie era?, ¿cómo fue su emoción?). Aprendí que hay un sirirí que se llama Tyrannus melancholicus y que es territorial y temperamental, y traté de adivinar esas características en su ojo negro y en el gesto de su pico. La guía me invitó a preguntarme sobre el placer que sentimos al enterarnos de los nombres que les hemos dado a los animales.

Me enteré de que los cantos y reclamos de las aves pueden describirse con minucia (“notas lentas, entre cinco y ocho sílabas”; “su vocalización es vibrante (‘carrasposa’), estridente y de poca cadencia que se hace más tenue al final”; “silbidos ascendentes y similares a un goteo constante”; “una serie de notas que ascienden y descienden, acelerándose hacia la parte final, similares a una carcajada humana”; “vocaliza usualmente en vuelo a través de un silbido bisilábico, en el que la segunda nota es ascendente y de tonalidad mucho más aguda, a modo de interrogación”) y hasta transcribirse (“psiii psiiip”; “jú-rup”; “kiir”, “ki’ r’ r’ r ’r”, “biiznt”). Tuve la oportunidad de imaginar a quienes dibujan aves para guías de campo, bajo la exigencia de la exactitud y la esperanza del encuentro entre el lejano modelo y el espectador de la obra de arte. Me asombró la diferencia, a veces muy grande, entre el plumaje del macho y el de la hembra de una misma especie. Me hice consciente del hecho obvio de que los animales que permanecen quietos durante mucho tiempo son más fáciles de observar pero más difíciles de encontrar que los inquietos.

Además de su belleza, su sencillez y sus textos claros e interesantísimos, el libro tiene el mérito de haber resultado de un esfuerzo interdisciplinario. En la investigación científica participaron estudiantes de Ingeniería Forestal y Zootecnia, mientras que las ilustraciones, cuidadas y precisas, son obra de estudiantes de Artes Plásticas. El resultado es un trabajo que vincula a la comunidad universitaria con la ciudad, una obra de los académicos para la ciudad.

Solo eché de menos una corrección de estilo seria, que se fijara en la puntuación (que eliminara, sobre todo, las comas incorrectas entre sujeto y predicado) y que quitara una tilde excesiva y pusiera otra que falta, ambas desafortunadamente en la primera página. 

Carolina Sanín
Libélula Libros

No hay comentarios: