lunes, 19 de enero de 2015

El mito del Imperio

Claudio Magris. 

Llamada, letras brincaban sobre la pantalla del teléfono. —Hola. No, no puedo moverme, vente para acá porque se me pierde, no estás lejos. Dale, acá te espero. Chao. Luego alguien entra.

—Claudio Magris —le dije al verlo abrir la puerta de gran hall del Hôtel de Galliffet.

—Sí —me respondió él con una sonrisa verdadera.

Aquel día homenajeaban a un tal Hettore Schmitz y antes de subir a la palestra tuvo la amabilidad de autografiarme dos de sus libros. Erré, pienso ahora, debí haberle preguntado por su obra o su amistad con Gregor von Rezzori.

Ein. El mito del Imperio es un verdadero cabinet de curiosités donde se expone la literatura de quienes idealizaron las fisuras y las ruinas (VI. Un mundo de ayer, un mito de hoy) de Austria-Hungría. Magris toma prestadas ciertas voces para contar la Finis Austriæ, la lenta construcción de un cementerio de elefantes, lleno de galerías donde se sirve café. Retumba la música de Johann Strauss que lentamente se descompone.

Kettő. Llevadas a cabo entre 1959 y 1962, las investigaciones literarias de Magris desentrañan los múltiples matices de una Heimat, una cara del mundo k.u.k. (Kaiserlich und Königlich). Bajo la tutela de Leonello Vincenti, el escritor triestino abre varias puertas del corredor mitteleuropeo, una tras otra, dando lecciones sobre los pequeños universos creados por Grillparzer, Stifter, Franzos y Pichler y Rosegger, Sacher-Masoch, Schnitzler, Musil, Kraus, Hofmannsthal, von Doderer, Joseph Roth y Zweig y tantos otros frente a los cuales no es justo decir etcétera.

Tři. Todos fueron –como lo describe Magris apoyado en Hans Weigel– “occidentales de oriente… revolucionarios conservadores… maniáticos negligentes… eslavos germánicos, alpinos de los Balcanes”. Esa era su condición, y un poco la de Magris, pues su literatura está atrapada en un espacio de libertad absoluta. El mito del Imperio es un ensayo que sale y entra en la ficción, en la novela y la objetividad inasible, recreando el gesto del mono que va de rama en rama con agilidad y gracia. 

Felipe Calderón
Libélula Libros

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