miércoles, 14 de diciembre de 2016

"Adiós a las armas", Ernest Hemingway. DeBolsillo. Trad. Miguel Temprano García.


Publicada en 1929, Adiós a las armas es una historia de amor y perseverancia, y al mismo tiempo es una voz que se alza para denunciar los horrores de la guerra y, en especial, su irracionalidad. Hemingway, a partir de las pequeñas historias, acusa los sufrimientos latentes; las tragedias personales e individuales, que en gran medida pasan desapercibidas en lo general e impersonal de la "gran historia", son en Adiós a las armas ejemplos inequívocos y desgarradores de esa la locura colectiva que es la guerra.

La novela se centra en Frederick Henry, norteamericano enlistado voluntariamente en el Ejército Italiano, y que sirve como capitán y conductor de ambulancias cerca del frente de batalla en el marco de la Primera Guerra Mundial. A través del lento y perceptible pasar de las estaciones, y con ellas de las escaramuzas y las ofensivas, Henry padecerá en carne propia las consecuencias directas de los combates, y la muerte, que asecha constantemente, será un peligro cierto y latente para él y sus más cercanos conocidos. Pero en medio de la tragedia, Frederick Henry conocerá, en un hospital de campaña, a la bella enfermera Catherine Barkley. Y lo que inició como un inocente coqueteo, se convertirá pronto en una intensa relación, una profunda historia de amor marcada por los obstáculos, la tenacidad, y la sombras de la guerra.

Una historia tan real como inverosímil, en la que es posible apreciar en cada página una escritura sobria y precisa, característica de su autor, pero que nos llevará a sentir de forma intensa la apasionada relación sentimental que se construye entre Frederick y Catherine, y a sufrir con cada uno de los obstáculos que encuentran. Una novela en la que, al igual que en muchas de las obras de Hemingway, Henry encarna a ese personaje símbolo del hombre rudo y temerario, prototipo del héroe que mira de frente a la muerte y se juega la vida dispuesto a vencer cualquier dificultad, y que es, irónicamente, la antítesis del hombre que una mañana de 1961 en la soledad del sótano de su casa, y sumido en la más profunda depresión, haló el gatillo de una escopeta de caza que apuntaba hacia su garganta.
Juan Simón López
Libélula Libros

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