miércoles, 14 de diciembre de 2016

"El espíritu de la ciencia-ficción", Roberto Bolaño. Alfaguara.

Hace unas semanas la editorial Alfaguara publicó –en ese feo diseño de sus últimas portadas que supuestamente, pero no, se inspira en la clásica "L" invertida de los primeros libros de la editorial, esos de finales de los años setenta que eran morados y grises, hermosos y dignos, diseñados por Enric Satué y escoltados por Jaime Salinas, señor de editores– El espíritu de la ciencia-ficción, la "nueva" novela de Roberto Bolaño, escrita o por lo menos terminada en 1984. La noticia se disfrazó de polémica ya que esto significa que los libros de Bolaño no seguirán siendo publicados por Anagrama, la editorial que durante los últimos tiempos lo había hecho y con la que el autor había alcanzado el reconocimiento internacional. Las razones del cambio –uno que en apariencia sería impensable si Bolaño estuviera vivo, aunque recuerden dónde están ahora Javier Marías y Enrique Vila-Matas–, explicó Carolina López, viuda del escritor, se deben a la enorme capacidad de distribución que tiene Alfaguara a través de su dueño, el imperio llamado Penguin Random House, y a la consecuente oferta económica, imposible de rechazar. Razones válidas y que por desgracia demuestran la incapacidad de muchas editoriales españolas medianas y pequeñas de tener una buena y eficiente distribución en latinoamérica, asunto importantísimo, ¡esencial! y en el que Anagrama falla, por lo menos en Colombia, siendo una de las editoriales con peor distribución en el país, sino con la peor. Pero la historia no termina ahí, no fue sólo una cuestión de cifras y adelantos. El crítico Ignacio Echevarría afirma que las razones son mucho más personales; él, como amigo de Bolaño y encargado de la edición de sus primeros libros póstumos, entre ellos nada más y nada menos que de 2666 (o de otro menos famoso pero tal vez más feliz: Entre paréntesis), decidió hablar con lo justo y el pasado 23 de septiembre, es decir días antes del lanzamiento de El espíritu de la ciencia-ficción, publicó un artículo ("Roberto Bolaño borrado") en El Cultural contando su versión de por qué creía que López había decidido abandonar Anagrama por Penguin-Alfaguara. No lo justifica en lo económico sino en los celos de una mujer por otra: López, según Echevarría, se alejó de la editorial que le trajo los mejores años a Bolaño debido a la amistad de su editor Jorge Herralde, y del mismo Echevarría, con la señora Carmen Pérez de Vega, la compañera sentimental de Roberto Bolaño durante los últimos tres años de su vida. López, siempre según Echeverría, no soportó la idea de que Pérez tuviera trato o relación con los encargados de la obra póstuma de su esposo y más luego de darse cuenta que don Ignacio, en algún momento de la edición de El secreto del mal, otro de los libros inéditos, le consultó a doña Carmen algún asunto. Hasta ahí llegó la confianza, cree Echevarría. La discusión sigue hasta hoy e incluso un personaje como Andrew Wylie tiene su versión. La de él, la de la viuda y la del crítico se contradicen. Dejémoslo aquí. 
 
 
¿Por qué contar esto? Porque todo este ruido y todas estas bajezas parece que tienen que ver con la conformación de la edición de El espíritu de la ciencia-ficción. Porque la manipulación editorial de un archivo es también un acto de lectura (y si no que lo diga quien haya leído Guerra y paz: ¿sabrá o recordará el lector que la novela de Tolstói tiene por lo menos dos finales imposibles de conectar, y que leer una versión, la escogida en su momento por el editor, necesariamente provoca leer la otra?). Y de esto se aferra Echevarría para criticar en otro artículo, luego de su lectura de la novela, el trabajo de Alfaguara. Una crítica amañada, que desmerece su prestigio como editor póstumo de Bolaño, caprichosa y que se apega a lo íntimo: gran parte de su argumentación se sustenta en el desconocimiento –evidente, cierto– de los editores (o del prologuista) de la vida personal de Bolaño, cuando él sí sabe, sí conoce, sí fue amigo del autor. Algo así como "la edición no es tan buena porque yo no participé y yo sí recibí cartas de Bolaño". Y es ahí donde me parece que es injusto, porque a pesar de que el trabajo de Echevarría en Anagrama produce confianza, éste no excluye la posibilidad de que alguien más lo haga bien. La evidencia que Echevarría presenta de que mucho después de 1984 (fecha en la que aparece como terminado el manuscrito) El espíritu seguía preocupando y dando por insatisfecho a Bolaño es seguramente exacta, y por eso es valioso que sigan apareciendo sus comentarios de primera mano, pero de ahí a decir que es una obra "fallida" es un desatino, acaso justificado y provocado por la impotencia y la amenaza que una figura como Carolina López parece traer a la obra póstuma del novelista chileno. En esa desconfianza Echevarría tiene toda la razón. Una viuda más. 
 
Desatino porque a pesar de que El espíritu de la ciencia-ficción tiene defectos evidentes (el primero su estructura presentada en tres momentos o registros que se desmoronan o simplemente se abandonan), estos francamente no importan: sí, la novela puede ser considerada "primeriza", "de formación", pero muy fácilmente se puede reconocer también que es una buena novela, sin más. Que cuenta la historia de dos muchachos exiliados en el D.F., que escriben poemas y que para siempre están solos y llenos de literatura. Dedicarse a algo distinto del ritmo de este libro es olvidar por qué leer es una superación de la vida, sencillamente.

Que la chismografía lleve al libro, ese fue mi caso. Uno afortunado: El espíritu de la ciencia-ficción me hizo volver a leer a Bolaño con emoción e intensidad. Lo leí sin prevenciones ni teorías conspiratorias editoriales (lo que les acabo de contar vino después de terminada la novela), sin apegos que buscaran descubrir el posible prototipo de Los detectives salvajes, sin esa triste esperanza del milagro o la correspondencia. Es un libro que reforzó una idea vaga que tengo de Bolaño: que es un escritor claro y simple, y que entiende esta claridad y simpleza desde un límite extraño y doloroso. Andrés Ibáñez lo dice mejor: Bolaño "escribe siempre desde el lugar de una pérdida irreparable, un lugar tan desolado y tan triste que está mucho más allá de las lágrimas". Eso está en Los detectives salvajes, en Amuleto, en este libro.

Tomás David Rubio
Libélula Libros
 
Boletín 74: https://issuu.com/tomasd88/docs/boleti__n_74_libe__lula_libros

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