miércoles, 14 de diciembre de 2016

Hijos del átomo, varios autores. Alpha Decay.

Es bien sabido que autoridades de la cultura en mayúsculas y curadores del arte "de verdad" han pasado por alto, históricamente, el valor de las creaciones nacidas en la industria, obras cuya única función, según estos individuos, es entretener, sumir a las masas en la ignorancia y proyectarse como ejemplos (a no seguir) de la abominación artística.

Ahí están las imaginativas críticas a Hollywood y a otros reductos del entretenimiento como la industria del cómic, de la que se ocupa parcialmente Hijos del Átomo: once visiones sobre la Patrulla-X, conocida por estos lares como X-Men, que recopila 11 ensayos sobre los mutantes concebidos por Marvel.

Un texto que da cuenta del interés creciente de las editoriales por abordar fenómenos de la cultura popular desde la reflexión y la aproximación intelectual como contraparte del criterio irracional y fundamentalista del fanático, lo que también es un indicador de una muy buena noticia: los prejuicios alrededor de estas creaciones se están superando. Otros libros como Batman desde la periferia, también de Alpha Decay, y Star Wars. Filosofía rebelde para una saga de culto, de Errata Naturae, lo confirman, aunque sin descuidar que sean temas rentables, otra poderosa razón para su publicación.

Los escritos que componen Hijos del Átomo se decantan por analizar las condiciones socioculturales que rodearon la creación del mito X-Men, poniendo sobre la mesa vínculos insospechados entre la ficción y contextos como la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos durante los 60, con Martin Luther King y Malcolm X como trasuntos de Charles Xavier y Magneto, respectivamente; hallazgos de la genética que nos acercan (contra todo pronóstico) a la especulación científica de la saga creada por Stan Lee y Jack Kirby, la pubertad como parábola de lo mutante, entre otras cuestiones.

Todo, repito, desde una perspectiva incisiva y reveladora, carente de la nostalgia del fan e interesada más en escudriñar los recovecos de su objeto de estudio y pasarlos por el tamiz del análisis, que en describir al pie de la letra el argumento de X o Y tramo de la franquicia, lugar al que, lamentablemente, desembocan muchas de las "discusiones" de la ficción pop.

De los 11 ensayos quisiera resaltar tres, que para mí son una muestra de lo mejor de este libro. Con ello pretendo animarlos a que lo lean en lugar de realizar aquí una descripción interminable de todos los textos (que les arruine el placer de descubrirlos) y entre los que hay otros de enorme valor al margen de los que menciono a continuación.

El primero: Los New X-Men, de Grant Morrison: Un acto de profanación. Óscar Broc desgrana las claves del periplo que tuvo el célebre guionista escocés como escritor de la cabecera entre el 2001 y el 2004. Deja claro que el paso de Morrison por la saga fue como un tornado que arrasa un pueblo hasta los cimientos: su pluma rebelde fulminó las certidumbres y esencias de la franquicia dándole una vuelta de tuerca estimulante y corrosiva, anclada a la liberación de los tiempos que corren: desde embarazos adolescentes y consumo de drogas entre los inquilinos de la Mansión X hasta personificar a los mutantes ya no como monstruos temidos y odiados, sino como celebridades veneradas e imitadas.

El segundo: Magneto sublime: las raíces camp de un supervillano sionista, de Jordi Costa. El crítico de cine de El País de España desentraña el carácter operístico y camp del personaje, poniendo de relieve su exceso y amaneramiento. Pero lo mejor es la relación que hace del mutante con los científicos locos de las películas clásicas de horror de la Universal, así como con líderes israelíes sionistas, habida cuenta el origen judío de Magneto. También para resaltar el interés de Costa por los subtextos políticos y culturales en la inconsciente primera etapa de X-Men, con Stan Lee y Jack Kirby, y no en la calculada trascendencia de la era Chris Claremont y John Byrne, quienes estuvieron al frente de la saga en los 80.

Y el tercero: Cómo cambia: Mística, de Eloy Fernández Porta. El escritor y ensayista barcelonés realiza una lúcida indagación sobre cómo los rituales de transformación de Mística o Mystique son alusiones enmascaradas a prácticas sexuales ortodoxas y heterodoxas, fetiches, ansiedades de los bajos instintos, alegorías a la masturbación y condiciones de género salidas de regla. Así mismo plantea una interesante deducción sobre cómo el concepto del cambiazo de Mística (su superpoder) se manifiesta al final de Blade Runner, la película de Ridley Scott, aunque sublimado y suavizado por su director.

Es probable que a muchos les choque la traducción española (Lobezno, La Patrulla-X), pero son solo detalles que no eclipsan el valor de las interpretaciones presentes en los escritos. El libro lo pueden conseguir en Libélula Libros.
Andrés Rodelo
Libélula Libros