miércoles, 14 de diciembre de 2016

"La guerra tiene rostro de mujer", Svetlana Alexiévich. Debate. Trad. Ioulia Dobrovolskaia.

"Recordar asusta, pero no recordar es aún más terrible"

Una obra construida con voces de la vida diaria, con voces femeninas que desahogan su alma después de años de silencio, fruto de su participación en las armas que marcó su memoria para siempre. Alexiévich empieza cuestionando por qué las mujeres no habían sido capaces de defender su historia, sus palabras y sus sentimientos. ¿Qué hacer para lograrlo? Era necesario humanizar la guerra para hacerla ver diferente. Urgía recordar y transformar lo vivido en un acto creativo que duele, pero que ayuda a contar infinitos sufrimientos, y a darle sentido a los hechos narrados.

Así, Svetlana Alexiévich, la periodista y escritora bielorrusa, Premio Nobel de Literatura 2015, entrevista a cientos de mujeres soviéticas –alrededor de 500– que parecen escuchar el sonido de su alma y lo verifican con palabras. Ellas fueron parte del Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial y ayudaron a vencer a los alemanes en una aventura que no tuvo espera ni renuncia, porque necesitaban demostrar el amor a su país. Lee las voces de estos testigos humildes y sencillos y las transforma en literatura. Y escucha con atención su dolor y sus silencios. Imposible grabar los ojos, las manos, el llanto, el asombro y las emociones de ellas cuando describen ese infierno pleno de llamas donde no hay más que sangre, muerte y miseria. Termina entonces escribiendo no sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra, el registro de sus sentimientos, de sus vivencias, de su alma. La historia de las mujeres en la guerra es su propósito. Una guerra femenina que tiene sus propias palabras y su propio llanto. Tiene también "sus propios colores, olores, sonidos, iluminación y espacio". Es decir, manifiesta su fantasía particular, sin perder la pista del espíritu humano, "allí donde el sufrimiento transforma al hombre pequeño en un gran hombre". Sus relatos fueron ocultados por la censura y afortunadamente en el año 2002 se recuperaron en un marco de sinceridad y libertad. Toda una carga de experiencias desgarradoras relatadas con odio, tristeza, perplejidad y hasta ternura, que sus relatoras prefieren olvidar. "Un grito que debe guardarse en algún lugar del mundo", voces que se suman en "un mar de lágrimas", pero que terminan ratificando ese amor por la vida y considerándola el regalo más grande.
Lilia Valencia V.
Libélula Libros