miércoles, 14 de diciembre de 2016

"Poemas y poetas", Harold Bloom. Páginas de Espuma. Trad. Antonio Rivero Taravillo.

Este libro pertenece a la serie Cuentos y cuentistas, Novelas y novelistas, Ensayistas y profetas. Faltarían por traducir La épica y Dramas y dramaturgos. Pero este libro es diferente: la poesía para el autor es su hija predilecta, de ahí que tenga más exigencia que los libros anteriores. Además, la poesía es el arte más difícil y el más llamado a perdurar.

Para no demorarse en Dante y en Shakespeare, cita un poema del primero y un soneto (el 94) del segundo: quienes pueden hacer daño y no lo hacen, las personas que con una palabra, una frase podrían hacer daño a otra y no lo hacen, las personas que con su verbo podrían hacer daño a una comunidad, a un país y no lo hacen: son "dueños y señores de sus rostros; sirvientes, los demás, de su excelencia".

En John Donne se detiene, no tanto por éste, como por arreglar cuentas con los "poetas metafísicos" del siglo XVII. Y separa a Andrew Marvell de los "metafísicos", por considerarlo "el más enigmático, inclasificable e independiente de entre los grandes poetas de la lengua inglesa" [p. 47]. Y así comienzan las treinta y cinco páginas que dedica a este poeta por lo visto tan grande como desconocido. El ensayo sobre Byron es casi el mismo de La compañía visionaria (es el más largo del libro con cincuenta páginas; no sé si es asunto de los editores o del autor, en todo caso, la importancia de Byron según el mismo Bloom, no daba para tanto). Se ocupa más de Coleridge que de Wordsworth, del cual se ha ocupado mucho en otros libros; en cambio el primero tiene una imagen opaca que el autor se encarga de examinar. A John Keats le dedica un buen espacio por ser uno de sus preferidos.

Hay poetas que nos llegan más fácilmente que otros. De Whitman se puede decir que es el poeta de todos los idiomas. Nos llega a todos no importa en qué idioma escriba ni en qué idioma lo leamos. Sin embargo, Whitman es un poco más difícil de lo que pensamos. Shakespeare nos deslumbra, nos lleva a pensar que la inteligencia y la belleza poética no tienen límites. ¿Nos llega? No y sí. No, porque vuela muy alto; sí porque no podemos prescindir de él. El Quijote nos llega cuando logramos cogerle cariño al "caballero de la triste figura". El Dante de la Divina Comedia no nos llega. Pero perdemos más nosotros que Dante. Freud, Bloom y otros hablan de placeres fáciles y difíciles, éstos últimos requieren de grandes esfuerzos, pero nos compensan con placeres más elaborados y reconfortantes. Esto es lo que ciertos poetas como Dante, Milton, Blake, Shelley, nos proporcionan. Hay sin embargo dos poetas ingleses, Browning y Tennyson, que tienen la virtud de que la dificultad importa poco ante el interés que despiertan. Un monólogo como Childe Rolland a la Torre Oscura fue, quisiéramos no soltarlo hasta entenderlo, cosa que no lograremos nunca, a cambio de lo cual nos mantendrá despiertos.

Bloom no deja de sorprendernos. En una entrevista dada a The Paris Review se refiere a que la cantidad de sus escritos no publicados es 2 ó 3 veces mayor que los publicados. Algo, en parte entendible, pues cuando uno lee las 5 ó 6 páginas que dedica a cada autor en Genios, queda la impresión de que podría escribir un libro sobre cada uno de ellos. Pero quién sabe qué sorpresas habrá allí. El fuerte de Bloom es la memorización de muchos poemas. Esto le facilita identificar, cuando lee un poeta nuevo, las afinidades que tienen ese poeta con otro u otros (este suena a Yeats, el otro suena a Nicanor Parra, etc.). Sin embargo, nada nos podrá dar la clave de una mente en permanente movimiento como la de este autor y creo que no le incomoda cambiar de opinión como cuando compara, por ejemplo, lo que dice en Genios sobre John Donne y lo que dice en este libro. ¿Criticable? Cada quien decidirá.

Javier Vélez Acosta
Libélula Libros

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