miércoles, 25 de octubre de 2017

El hombre sentimental

Javier Marías, DeBolsillo.

El sueño es una segunda vida”. Las palabras con las que inicia Nerval su Aurélia podrían haber sido también las primeras de El hombre sentimental. Esta novela es el relato de un sueño que recuerda lo ocurrido cuatro años antes. El narrador, un reconocido cantante de ópera, habla del preludio a su “historia de amor con Natalia Manur” (la mujer que ve por primera vez dormida y que parece estar “aquejada de disoluciones melancólicas”). No sabemos quién es ella, ni tampoco quiénes los hombres que la acompañan en el tren; la primera imagen del libro. Sabremos después que uno de ellos es su esposo que lleva esperando quince años por su cariño. Sabremos después acerca de las palabras que nuestro narrador le dice a Natalia: “Yo no quiero morir como un imbécil (…) Pero tu muerte sería también la mía”. La novela es una aclaración de estas expresiones.

Javier Marías cree que el amor es en parte importante memoria y anticipación. Los personajes de su historia representan el recuerdo de lo que ya no es y la expectativa de algo que todavía no ha ocurrido, de algo que no se sabe si ocurrirá. Es en la imaginación donde transcurre la vida del hombre enamorado, y también la de todos los seres humanos. El tiempo puede ser el consuelo de quienes imaginan la alegría de los momentos pasados y esperan la felicidad venidera. El tiempo, juez que determina el fin de las cosas, puede llevar también a la desesperación al hombre abandonado por la mujer amada (arrebatándole la esperanza de una vida feliz) y convierte el pasado, el que no se quiere recordar, en algo imborrable. El hombre sentimental es una reflexión sobre el tiempo a través de las imágenes del amor.

Al terminar esta historia el primer recuerdo que tuve fue la declaración del León de Nápoles, el cantante de ópera, sobre el abandono y el desamparo de quien no tiene a alguien que vele su dormir. Marías hace que su narrador relate un sueño, no la fuente, los hechos, de los que éste se nutre. Creo que lo hace para, de alguna forma, convertir a los lectores en vigías. “Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”. Habrá que añadirse a la hermosa frase final de Mendel el de los libros de Stefan Zweig la palabra ‘soledad’. Porque los libros también se escriben como una cura contra eso.

Libélula Libros

No hay comentarios: